martes, 27 de junio de 2017

Tres textos de las escrituras

0 Las tres jóvenes hijas escogieron sendos textos:

a) Hechos 12:8. — Le dijo el ángel a él: ¡Cíñete y átate las sandalias! Él lo hizo. Y le dijo a él: ¡Ponte tu manto y sígueme! —

b) Marcos 6:51. — Y subió a ellos en la barca y el viento se calmó. Y ellos se asombraron en gran manera. —

c) Hechos 20:10. — Pablo bajó hacia él, se echó sobre él, le abrazó y dijo: ¡No os preocupéis, pues mirad, su alma está aun dentro de él! —

1 Estos tres textos de las escrituras han sido bien pensados y bien ordenados por Mí, y esto ya desde la eternidad.

4 Mirad, debido a que Mi Apóstol (Pedro) era un preso, y como tal, Me adoraba, Me alababa y clamaba Mi Nombre en forma viva, Nombre sobre el cual se esconde la máxima Fuerza, el máximo Poder y la máxima Autoridad. Esto lo hacía en la cárcel, a través de su viva fe así como a través de su gran amor. Entonces, Yo le envié tan pronto como era justo un mensajero del Cielo para que lo liberara de la cárcel. Ahora prestad atención, en una cárcel similar se encuentra, más o menos, todo buen cristiano, es decir, aquél que confiesa plenamente Mi Palabra y Mi Nombre en su corazón.

5 El mundo es esta cárcel y a esta cárcel oscura Yo estoy enviando constantemente mensajeros del Cielo. Y estos mensajeros tiene aun hasta esta hora una y la misma misión: Anunciar a todos los presos: “Cíñete con la Autorenunciación y átate a los pies las sandalias de la Humildad y después ponte el manto de la Inocencia y el Amor”, — y finalmente: “¡Sígueme valientemente y lleno de confianza por el camino estrecho y a través de la puerta angosta para salir de la oscura cárcel llena de muerte que es del mundo!“ Aquéllos, al igual que el Apóstol, que siguen inmediatamente en todo el llamado del mensajero celestial, ellos también serán liberados pronto y por completo de esta cárcel y serán conducidos, por estos mismos mensajeros, hasta la orilla del gran Mar de la Misericordia y de la Gracia, allí en donde verán las grandes olas de este Mar que golpean en la orilla, allí en donde espera el barco para el viaje hacia la Vida eterna. Por supuesto aún pasarán un gran miedo, cuando vean cómo se mueve aún el barco, previsto para ellos, sobre las olas del Mar infinito de Mi Misericordia y Gracia. Y el viento que sopla fuertemente sobre las olas llenarán sus corazones de un tembloroso miedo no menor.

6 Pero cuando después ellos suban al barco, conducidos por el mensajero y Me vean a Mí Mismo venir a ellos y entrar al barco y que, en ese momento, el viento se calme y el Mar se tranquilice, — cuán inmensa sorpresa tendrán en ese instante de haber encontrado la completa y bienaventurada Vida eterna total, allí en donde antes pensaron, con gran temor y miedo, que era el final de sus vidas.

7 Mirad, ya tenemos unidos los dos textos de las escrituras como si desde la eternidad hubiesen estado unidos de la forma mas íntima.

8 Ahora queremos pues también intentar unir el tercer texto con los dos textos anteriores. Pero para que vosotros entendáis también esto, antes tenéis que echar una mirada retrospectiva y atenta al estado sobre el barco.

9 El estado sobre el barco, es decir, ante la Presencia de Mí Mismo, se asemeja (o más bien es) el estado de la completa contrición ante Mi Santidad divina e infinita. A pesar que este estado (para ganar finalmente la Vida eterna de la máxima libertad) es completamente imprescindible, sin embargo, es una caída (que al margen de lo anterior, viene al final de todo) mata por completo todo lo mundano, en la profundidad de la propia nulidad. Que el hombre mate todo lo mundano dentro de sí, a través de la caída, significa: eliminar todos los pensamientos, todos los apasionamientos, en pocas palabras: Todo, hasta el último céntimo que se le haya pegado a él en el mundo. En este estado él aparece como completamente muerto. Pero, ahora, ¿qué le devuelve la vida? Mirad, aquello que dice el tercer texto: Pablo, que es un maestro del Amor, — que dice: Mi Amor Mismo, que resucita la vida, desciende hacía él, se echa sobre él, lo abraza por completo, y lo penetra enteramente, y dice, a los otros presentes y que están temerosos y que aún no han hecho esta caída: “¡Estad tranquilos y no temáis, porque mirad, su alma, que está llena de Mi Espíritu de la Vida eterna, aún está totalmente dentro de él, y por eso permanecerá para siempre en el Regazo de Mi Amor Paternal infinito.

10 Y mirad, el asunto se presenta así, y este segundo y último estado es necesario. De esto podéis daros cuenta claramente que cuando alguien sube a un barco en la orilla es porque seguro quiere viajar hacia la meta que es otra orilla al lado opuesto. Este último estado es la última orilla como meta que cada íntegro hermano en Cristo, al igual que el Apóstol, debe alcanzar; Porque quien no alcance esta última orilla, no será aceptado en Mi Regazo en el más allá. — 
 
11 Ahora mirad, Mis amadas hijitas (Marie H., Wilhelmine H. y Pauline H.), cómo hemos compaginado estos tres textos diferentes en sí, en forma bonita y en un perfecto orden, de tal modo que tienen que estar eternamente juntos y sin posible separación para poder alcanzar la Vida eterna. — ¿No es verdad que esto os gusta mucho?

12 Pero ahora, Yo os digo también: Compaginad estos textos en vuestras vidas, porque recién así experimentaréis en abundancia cuán extremadamente bueno, lleno de Amor y misericordioso soy Yo, vuestro verdadero y santo Padre. ¡Mi Bendición con vosotras, amén!

dadi3.42.02.08

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