jueves, 15 de noviembre de 2018

El cuarto tipo de fuego

"Y la atmósfera terrestre será tan fuertemente
cargada de gases inflamables, que se
incendiará reduciendo ciudades y regiones
en cenizas y polvo" (gej08.186)
Imagen
de noviembre 2018:
Mansiones de California en llamas.
El Señor Jesucristo reveló a su siervo una profecía dada aproximadamente en el año 33 D.C. Transcribimos aquí solamente el cuarto tipo de fuego previo a su segunda venida a la Tierra:

"Os acabo de mostrar el tercer tipo de fuego previo a Mi Segunda Llegada a la Tierra. Ahora quiero mostraros el cuarto tipo de fuego, por el cual la Tierra y los hombres y toda la Creación será purificada durante Mi Segunda Llegada. Este tipo de fuego consistirá en grandes y naturales convulsiones telúricas de todo tipo y categoría. Para ser más preciso, el fuego que aparecerá en aquellos puntos de la Tierra en donde los hombres se han construido las exageras, enormes y suntuosas metrópolis. Metrópolis en donde predominan la mayor soberbia, desamor, malas costumbres, falsos juicios, poder, honores, pereza, al lado de la máxima pobreza, todo tipo de emergencias, miserias y sufrimientos generados por el excesivo epicureísmo (ateísmo) de los grandes y poderosos.

En tales ciudades surgirán, por la codicia, fábricas en grandes proporciones y, en vez de manos humanas, trabajarán el fuego y el agua en unión con millares de máquinas de acero artificiales. El calentamiento se hará por medio de carbón de la era prehistórica que los hoombres extraerán en exiguas cantidades de las profundidades de la Tierra.

Cuando tales actividades y industrias a través del poder del fuego hayan alcanzado su culminación, la atmósfera terrestre será tan fuertemente cargada de gases inflamables, que se incendiará aquí y allá, reduciendo tales lugares y regiones en cenizas y polvo, incluyendo a muchos de sus habitantes. Tal será una purificación enorme y eficaz. Lo que no fuere alcanzado por el fuego, será hecho por varias tempestades de todo tipo donde fuere preciso; pues, sin necesidad, nada será quemado ni destruido.

Por ese medio, el aire será liberado de los vapores nocivos y de los elementos de la Naturaleza; habrá influencia benéfica sobre todos los seres de la Tierra y la salud de los hombres, hasta el punto de terminar varias enfermedades malignas, alcanzando el Género Humano edad avanzada y saludable.

Como las criaturas purificadas se hallarán en Mi Luz, respetando para siempre las Leyes del Amor, los bienes terrenos serán de tal forma distribuidos, que cada uno tendrá lo suficiente, aplicando justo celo. Los jefes de la comunidad, tanto como los gobernantes igualmente actuando bajo Mi Voluntad y Luz, harán que jamás haya alguna carencia en el pueblo. Yo Mismo visitaré las criaturas, para levantarlas y fortificarlas donde exista el mayor deseo y el amor más fuerte para Conmigo.

Esto es una profecía para un futuro bastante lejano*, pero que se cumplirá; pues, todo podrá desaparecer, incluso esta Tierra y el Cielo visible; pero Mis Palabras y Promesas jamás dejarán de cumplirse.”

Fuente: Gran Evangelio de Juan
, tomo 8, capítulos 186, versículos del 4 al 9.
(gej08.186.04-09)

jueves, 8 de noviembre de 2018

El señor resucita el hijo del publicano

Acto seguido el publicano se fue de toda prisa a casa donde enseguida miró por el estado de su amado hijo.

Los tres médicos que le atendían dijeron: «Señor, ¡tu hijo lo está pasando muy mal y no hay remedio! Hemos empleado todos los medios de la ciencia y experiencia - pero en vano. ¡Si conseguimos prolongarle su vida por una hora más, habremos logrado en él un gran milagro!».

A eso el padre se aproximó al lecho del hijo moribundo y le dirigió las siguientes palabras: «Hijo mío, estos médicos no te salvarán; pero dentro de poco vendrá otro médico que te ayudará. ¡En este deposito ahora mi plena confianza y mi fe integral!».

El enfermo levantó un poco la cabeza y dijo en voz entrecortada: «Si, ¡la muerte me socorrerá, y nadie más!».

Con los ojos llenos de lágrimas, el padre respondió al hijo: «¡Que no!, ¡no la muerte sino sí la vida te ayudará! Porque el médico forastero con el que coincidí, y a quién nunca había visto antes, sabía que te encuentras enfermo hace siete años; además, me dijo que podrá ayudarte aunque ya hayas muerto - ¡razón por la que creo firmemente en sus palabras».

El hijo ya no dijo nada, con lo que los médicos dijeron: «¡Dejémosle en paz, porque el menor esfuerzo le matará, pues la expresión de su cara ya presenta todas las señales de la muerte!».

Así se pasó media hora y el enfermo exhaló un último suspiro, con lo que se murió.

Entonces los médicos preguntaron: «Ahora, ¿dónde está tu médico capaz de socorrer a tu hijo, ya muerto?».

En este instante Yo, Jesús, entré en el cuarto y dije en voz alta: «¡Aquí estoy Yo!, y no soy un fanfarrón como vosotros, pues lo que Yo digo es la Verdad plena de los Cielos de Dios, ¡jamás engañadora!».

Dijeron los tres enojados: «¡He aquí el muerto delante de ti, fanfarrón extranjero! ¡Ayúdale, si te resulta posible, y nos curvaremos hasta el suelo confesando que nosotros somos apenas unos charlatanes!».

«Yo no necesito vuestras reverencias y menos aún vuestras confesiones», dije Yo, «sino Yo hago lo que Yo hago, porque Yo puedo hacerlo así y también quiero hacerlo así. Pero si Yo digo que puedo hacerlo, entonces no es que me atribuyera algo, porque Yo lo hago todo a base de mi muy propio Poder que se halla en Mí… De modo que para esto no preciso de otro medio que únicamente de mi Voluntad propia y totalmente libre. Pero vosotros declaráis delante de todo mundo que sois los primeros maestros en vuestra ciencia… Pero, ¿qué es el resultado de vuestra fanfarronería?

¡Aquí tenéis el resultado delante de vosotros! ¡Pues este joven había tenido un acceso de una fiebre ligera, donde una cucharada de sal quemada junto con siete cucharadas de vino le habría curado para siempre! Vosotros sabíais muy bien de la existencia de este remedio, por lo que conjeturasteis lo siguiente: “Este es hijo de padre rico, pues este puede soportar la fiebre durante años, lo que nos produce mucho dinero. Cuando llegue a ser suficientemente mayor, la fiebre de todos modos ya le abandonará automáticamente”. - ¡Médicos malvados!, os afirmo que la fiebre desde hace mucho ya le habría abandonado, pero vosotros la mantuvisteis en favor de vuestro lucro, transformándola en fiebre tísica crónica, imposible de curar. ¡De este modo por vuestro afán de lucro llegasteis a ser los asesinos de este joven!

Me calificasteis de charlatán, ¡sin jamás haberme visto ni reconocido! ¡Pero Yo os conozco desde hace mucho y, como vuestro “charlatán”, Yo dije la plena Verdad a vuestro respecto, con lo que Yo os ahorré vuestra propia confesión! ¡De modo que la plena reanimación de este hombre muerto dará el testimonio pleno que mis Palabras son verdaderas!».

Dijeron los tres médicos riéndose burlonamente: «¡Con lo que seguramente quedaremos liberados de toda acusación!».

Dije Yo: «¡En seguida eso ya se verá!».

Acto seguido Yo me dirigí al muerto y dije: «¡Jorabe!, ¡despierta de tu sueño y da testimonio de la gran falsedad de esos tres que antes me llamaron de “charlatán”!».

En el mismo instante el muerto se levantó del lecho mortuorio, tan lleno de salud como si nunca hubiese padecido de cualquier enfermedad. El padre se quedó tan conmovido que no sabía si primero –por gratitud por el hijo devuelto– debía tirarse a mi Pecho, o a los brazos del hijo.

Pero Yo le dije: «¡De momento no te preocupes por esto, sino cuida para que el hijo Jorabe tenga algo para comer y luego también un poco de vino!».

En seguida esto fue organizado, y también para nosotros había una comida suculenta.

Fuente: Gran Evangelio de Juan, tomo 6, capítulo 83, recibido por Jakob Lorber.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Palabras sabias del Niño sobre las diferentes lágrimas

Cuanto más tiempo Tulia tenía al Niño en sus brazos, tanto más reconocía los errores de su vida, por lo que repetidas veces estalló en sollozos.

«Mi querida Tulia», le dijo el Niño, «éste es otro detalle que no me gusta de ti: ¿Por qué continuas llorando, teniéndome a Mí en tus brazos?

Sería más conveniente que estuvieras contenta y alegre, porque no me gustan las lágrimas de los hombres que se vierten cuando no hacen falta.

¿Acaso piensas que tus lágrimas purifican de tus pecados tu corazón ante mí? ¡Eso es absurdo! Aunque tus lágrimas corran por tus mejillas, si no pasan por tu corazón, poco lo limpian. Lo que es peor: Muchas veces las lágrimas son causa de que el corazón se cierre, por lo que luego ya no puede entrar nada en él, ni lo bueno ni lo malo...

Y esto causa la muerte del espíritu que mora en el corazón, porque una persona triste siempre es un ser que anda ofendido, situación en la que no admite nada.

Yo no puse más que tres clases de lágrimas en el ojo del hombre: Las de la alegría, las de la compasión y las causadas por el dolor.

Estas me agradan. Pero las lágrimas de la tristeza, las del arrepentimiento y las de la cólera surgen de la compasión por uno mismo; son frutos de la propia cosecha y no tienen valor alguno para mí:

Las lágrimas de la tristeza surgen de un alma herida y piden recompensa. Si no llega, los sentimientos se transforman fácilmente en odio latente y luego en sed de venganza.

Las lágrimas de arrepentimiento son de origen semejante. Aparecen sólo después del pecado, y eso sólo cuando el pecado ya ha causado una consecuencia penosa.

No han sido vertidas por haber cometido el pecado sino por el castigo sufrido.

De modo que tampoco estas lágrimas mejoran el corazón, porque en este caso el hombre no rehuye el pecado por amor a mí sino por miedo a un posible castigo. ¡Y eso es peor que el pecado mismo!

En cuanto a las lágrimas de la ira, no merecen ni ser mencionadas porque proceden de una fuente que brota del infierno más profundo.

Las lágrimas de la ira no humedecen el ojo, pero sí las lágrimas del arrepentimiento.

Pero sécate también éstas de tus ojos, porque ya ves que no me agradan
».

Entonces Tulia dejó de llorar, se secó los ojos y reconoció: «Señor, ¡eres infinitamente sabio y bueno! ¡Qué feliz podría ser ahora si no fuese una pecadora! Pero en Roma, por orden del emperador, tuve que venerar a un ídolo, hecho que me roe el corazón como un gusano malo».

«Mujer, ¡este pecado ya te lo perdoné antes de que lo hubieras cometido!

Pero fuiste celosa por el amor que Cirenio me tiene... ¡Esto es un gran pecado! No obstante, te lo he perdonado todo y como de nuevo me amas, estás pura. ¡Alégrate, pues, y sé feliz!
».

Tulia y toda la familia se sosegaron y se reanimaron, y, todos alegres, se fueron a cenar. 

Fuente:  Infancia de Jesús, capítulo 206

Oración del muy débil

Porque si pensaras como un hombre cristiano honesto, deberías pensar en su corazón y entonces dirías: ¡Oh Señor! ¡Soy un gran deudor ante Ti! ¡Ten piedad conmigo que soy un malvado y amante de mí mismo, más allá de toda medida! Porque, dentro de mi ignorancia, he pecado fuertemente contra Ti y en contra de todos tus hijos débiles, y ahora yo mismo me he vuelto más débil que todos aquellos que antes los creía débil! ¡Y todo esto sucedió debido a mi terca necedad sin límites!

Por eso te pido encarecidamente que vuelvas a mirarme con piedad en Tu infinito Amor y me des un sentido sincero para que pueda darme cuenta del verdadero valor humano de tus hijas y que no permanezca un ciego, como lo he sido hasta ahora, en donde yo, al igual que el mundo malvado, buscaba el valor sólo en la riqueza y en la belleza juvenil y más allá de eso, también en una fidelidad y en la sumisión increíbles. (¡Porque fui un burro tonto y celoso debido a mi gran egoísmo!)

¡Oh Señor, ahora que reconozco mi gran error sé piadoso y misericordioso conmigo que el soy un pobre pecador y permite encontrar lo que antes había despreciado demasiado frecuentemente dentro de mí malvado y desviado corazón! Porque no era uno que subiera dejado guiar por el espíritu sino todo el tiempo solo por la carne. Por tanto también sé que yo hasta ahora soy sólo de la carne y no del espíritu! ¡Por eso, oh Señor, permite que encuentre honestamente de nuevo una carne justa que Te agrade para que en el futuro yo pueda resucitar en ella, en el espíritu, de acuerdo a Tu Santa Voluntad y con la ayuda de ella! Amén”

Fuente: Dádivas del Cielo, tomo 1, (dadi1.401104.23-25)  recibido por Jakob Lorber el 4 de noviembre de 1840.

sábado, 3 de noviembre de 2018

El más pequeño es el más grande

"El más pequeño tiene la mayor felicidad y, por eso, es
el más grande. Porque todo lo que sabe lo sabe por el
Señor y, así, es es el más sabio de todos los hombres."
Emanuel Swedenborg
Jesús dijo:

"Porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es grande." Lucas 9:48 (Versión RV)

"El más humilde de todos ustedes es la persona más importante." Lucas 9:48 (Versión TLA)

¿Cómo es esto? Suena a absurdo. Sin embargo tiene una explicación lógica. Antes de entregar la respuesta, veamos otros versículos que citan las palabras del Señor:

"El mayor entre vosotros hágase como el menor, y el que dirige como el que sirve." Lucas 22:26 (Versión RV)

"El más importante entre ustedes debe ser como el menos importante de todos;y el jefe de todos debe servir a los demás." Lucas 22:26 (Versión TLA)

"El más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él (Juan el Bautista: el hombre más importante del planeta)." Mateo 11:11 (Versión RV)

"En el reino de Dios, la persona menos importante es superior a Juan el Bautista ." Mateo 11:11 (Versión TLA)
La respuesta fue dada a Emanuel Swedenborg (1688-1772)

"En el cielo el mayor es él que es el más pequeño. Se llama pequeño al que nada sabe y en nada es sabio por sí mismo, y que nada quiere saber y en nada quiere ser sabio por sí mismo, sino por el Señor.
 
Por ser tal este más pequeño, tiene la mayor felicidad, y por tener la mayor felicidad resulta ser el más grande, porque de esta manera sabe por el Señor todas las cosas, y es más sabio que los otros y ¿qué es ser el más grande sino ser el más feliz?

Ser el más feliz, esto lo desean los poderosos mediante la fuerza del poder y los opulentos por la opulencia.

El cielo consiste en desear el bien a todos de todo corazón; y en ministrar a otros para su felicidad, no con algún fin egoísta de ser recompensado, sino por amor."
Fuente: Emanuel Swedenborg - "El Cielo y el Infierno" §408.

El aplanador de Neptuno

El Aplanador por Saironwen Dauuh
 Jorge Luis Borges debe haber leído las obras recibidas por Jakob Lorber, por lo menos parcialmente como lo evidencia el siguiente texto evidentemente extraído del capítulo 58 de la obra "El Sol Natural" recibido por Jakob Lorber:
EL APLANADOR

Entre los años de 1840 y de 1864, el Padre de la Luz (que también se llama la Palabra Interior) deparó al músico y pedagogo Jacob Lorber una serie de prolijas revelaciones sobre la humanidad, la fauna y la flora de los cuerpos celestes que constituyen el Sistema Solar.

Uno de los animales domésticos cuyo conocimiento debemos a esa revelación es el aplanador o apisonador (bodendrucker) que presta incalculables servicios en el planeta Miron, que el editor actual de la obra de Lorber identifica con Neptuno.

El aplanador tiene diez veces el tamaño del elefante al que se parece muchísimo. Está provisto de una trompa algo corta y de colmillos largos y rectos; la piel es de un color verde pálido. Las patas son cónicas y muy anchas; las puntas de los conos parecen encajarse en el cuerpo. Este plantígrado va aplanando la tierra y precede a los albañiles y constructores. Lo llevan a un terreno quebrado y lo nivela con las patas, con la trompa y con los colmillos. Se alimenta de hierbas y de raíces y no tiene enemigos, fuera de algunas variedades de insectos.

Fuente: "El Libro De Los Seres Imaginarios" por Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero.


A continuación se transcribe el capítulo original traducido al español:

    1 Mencionaremos todavía tres especies de cuadrúpedos de este planeta y, tras un resumen general, pasaremos sin demora a los bípedos.
2 El próximo cuadrúpedo que describiremos será la cabra común, también autóctona; los habitantes la cuidan como animal doméstico de gran utilidad.
Tiene un tamaño casi diez veces mayor que el de vuestras vacas, aunque no se parece a ellas, ni tampoco a vuestras cabras. Tal como la hay allí, no existe en otro planeta.
«¿Qué aspecto tiene?».
El tronco de su cuerpo es tan voluminoso que el contorno del vientre frecuentemente alcanza doce brazas (Unos 24 metros.). Las patas son delgadas comparadas con el cuerpo, más bien zancudas. En los pies, en vez de las pezuñas de las cabras terrestres, tiene dedos como vuestros gansos y patos, no puntiagudos sino romos, y provistos de membranas interdigitales sólidas.

Su trasero termina en dos auténticos conos que se elevan más de braza y media (Unos 3 metros.) sobre la columna vertebral. Entre ellos hay una cola bastante larga parecida a una trompa con un voluminoso mechón de pelo al final. El resto de su pelo es corto, salvo en la columna vertebral, que está cubierta densamente por cerdas largas y rígidas frecuentemente de más de dos varas (Unos 1,5 m [1 vara = 77,8 cm]) de largo, a veces gruesas como una caña de escoba de la Tierra.
Donde las patas salen del cuerpo están rodeadas por un collar de lana crespa muy tupida; otro collar algo menor se encuentra bajo las articulaciones de las rodillas. Delante de las dos patas delanteras se levanta un cuello perfectamente redondo, del mismo largo que todo el cuerpo y cubierto de pelo corto. Termina en una cabeza que recuerda la de vuestros camellos, con la única diferencia que en la frente lleva tres cuernos rectos bastante largos, muy puntiagudos, siendo el del medio un poco más largo y fuerte que los dos exteriores.
En el centro del vientre de la hembra, que puede ser ordeñada, cuelgan cuatro grandes tetas que suministran a los habitantes una leche muy grasa y sabrosa.
Este es el aspecto del animal, por lo que se refiere a su forma.
3 Ahora preguntáis: «¿Qué es lo que tiene de extraordinario?».
Que puede buscar su alimento en los tres reinos elementales, es decir, en el aire, en el suelo y en el agua.
Hay algunos que objetan: «Pero eso no es nada especial porque lo mismo le pasa a todos los cuadrúpedos de la Tierra: también ellos viven gracias al agua, la tierra y al aire».
Aquí la cosa es diferente: esta cabra puede entrar en el agua, nadar como vuestros gansos, y alimentarse de sus abundantes hierbas acuáticas.
«Tampoco esto nos parece tan extraordinario, porque en la Tierra hay igualmente cuadrúpedos que nadan bien y que también se alimentan vorazmente de la vegetación acuática».
Pero este animal puede elevarse libremente por el aire y moverse en todas direcciones. En él puede coger hojas o cualquier otra vegetación que lleve el viento, y comérselas.
Hay que decir que el aire del planeta abunda en extraños fenómenos meteóricos, y raro es el día que no hay nubes, formadas naturalmente, de plantas raras, de semillas, de animales extraños y de otras cosas por el estilo, que lo llenan durante períodos relativamente cortos.
Raras veces caen al suelo sus componentes, simplemente flotan en el aire, lo que allí es muy fácil porque el aire de este planeta es mucho más denso y pesado que el de vuestro cuerpo terrestre.
4 Cuando el animal quiera dar un pequeño paseo aéreo, hincha su vientre produciendo un aire interior más ligero que el del ambiente y, flotando, se dirige en todas direcciones sirviéndose de sus patas. Donde más a gusto se encuentra es donde se le presenta una de esas nubes meteóricas planetarias.
Una vez que ha comido a placer, regresa volando a su hogar, llevando todavía entre sus dos conos traseros una pequeña provisión de alimentos.
5 La cabra es sumamente mansa, pese a lo cual tiene varios enemigos entre los animales. Si los descubre a tiempo, difícilmente pueden vencerla porque se levanta rápidamente en el aire, vuela hacia ellos y, con sus cuernos, se lanza ágilmente contra los mismos.
Si se trata de enemigos pequeños, entonces la cabra los coge con sus fuertes dedos, los lleva a una altura de vértigo y los deja caer. Los enemigos lo saben, lo recuerdan y, cuando ven que la cabra empieza a volar, toman las de Villadiego.
6 Esta cabra tiene apego a los hombres, y no les hace daño ni le ocasiona gastos. Por eso un hogar tiene frecuentemente varios cientos de ellas, las cuales proporcionan a los habitantes un sustento abundante.
No abandonan fácilmente una finca, salvo si un hombre mata alguna. Si eso ocurre, todas, aunque sean varios cientos, abandonan inmediatamente la finca para quedarse en otra.
7 Su color es sin duda muy notable, generalmente entre rojo y verde; los pelos son de color azul oscuro en los sitios peludos; las cerdas y la cola, los conos traseros y el cuello, así como los cuernos, de un blanco deslumbrante.

8 Otro animal doméstico también muy notable es el “apisonador”.

Se parece a vuestro elefante, aunque sus patas y su trompa tienen forma distinta; las patas parecen cuatro conos colgados del cuerpo, con la parte más ancha tocando el suelo y la punta insertada en el mismo. El resto es exactamente igual que vuestro elefante, sólo que diez veces mayor. La cabeza se parece también a la de vuestro elefante, menos la trompa, que es un poco más corta, y al final dos veces más ancha que la cabeza.
Así es su aspecto.

9 «¿Por qué lo llaman el “apisonador”?». 

Ya el nombre lo explica: allí donde se encuentra pisotea el suelo, no descansando hasta que el sitio que ha elegido para vivir queda perfectamente plano.
10 También es domesticado por los habitantes que lo usan para preparar los cimientos de sus sencillas viviendas. Sólo necesitan trazar algunos surcos en el terreno que desean compactar y transformar en un cimiento enteramente llano.
Cuando llevan el animal al terreno marcado por los surcos, inmediatamente empieza a nivelar el suelo, excavando la tierra con sus dos colmillos largos y su fortísima trompa. Y de esta manera, emulando a un arquitecto, aplana la superficie marcada.
Cuando el terreno está superficialmente plano, empieza el apisonamiento. El suelo queda tan llano y compacto que, primero, incluso la burbuja de un nivel colocado encima quedaría absolutamente horizontal y, segundo, su dureza sería tal que mucho habríais de esforzaros para removerlo con vuestros azadones.
11 Este animal se alimenta también de hierbas y de raíces, y casi no tiene enemigos, salvo algunos insectos esporádicos.
Su color es verde pálido.
Como ya no hay nada digno de mención sobre el apisonador, pasemos al animal doméstico más útil y más extraño de este planeta.

Fuente: Capítulo 58 de la obra "El Sol Natural" recibido por Jakob Lorber