lunes, 23 de abril de 2018

El camino al renacimiento espiritual

La obediencia y la humildad son el alimento para poder renacer en el Espíritu.

Reglas de comportamiento necesarias


Aquí os doy unas breves reglas de conducta que habréis de observar cuidadosamente si queréis estar seguros ante la persecución del mundo y si queréis coger el camino más corto para llegar lo antes posible a mi Gracia y, a partir de ella, al renacimiento integral.
Estas reglas, puestas en orden, son las siguientes:
Primero: Ante todo debéis observar estrictamente cualquier ley política en lo que se refiere a su obligatoriedad exterior, y tenéis que aguantar cualquier presión con la que pudieran probaros, siendo conscientes que en ninguna parte existe poder algún sino en Mí y a través de Mí. Todo está sometido a Mí, seáis conscientes de ello o no. Hay soberanos buenos y otros severos, siempre según requiera la índole de los súbditos, y todo ello depende de Mí. Pero cuando entre el pueblo son cosa habitual toda clase de vicios, como es vuestro caso, ¿cómo voy a proporcionaros soberanos altruistas?
Por eso, ¡ay de cada agitador! No sólo será castigado con la muerte temporal sino también con la eterna... Porque los soberanos tienen una posición demasiado elevada ante el pueblo para que la ocupen por su propio mérito... Nadie es nada si no lo es por mi justa Voluntad. Si el soberano resulta bueno y manso, entonces es un consuelo de mi parte; pero si resulta duro y codicioso, es un látigo justiciero en mi mano... Quien se opone a él, se opone a mi látigo y dará coces contra el aguijón... Pero quien vive en mi Amor y en la Gracia que surge de él, su espalda nunca habrá sangrará bajo los fuertes golpes de mi látigo sino que se fortalecerá como un roble frecuentemente sacudido por vientos fuertes; y bienaventurado será el renacido y purificado porque gozará del gran caudal de mi Amor.
Mi Reino no es de este mundo. Por ello dad al César, lo que es del César, y a Mí lo que es Mío, es decir, vuestro corazón en humildad pura y obediente. No os preocupéis por lo demás, porque Yo, vuestro Padre, estoy en medio de vosotros. Por eso, ¡obedeced a vuestras autoridades, llevad vuestra ligera cruz con toda abnegación y seguidme con todo amor y mansedumbre! Así viviréis en mi Gracia, y en ella vivificaréis todo lo que miréis en mi nombre. Amén.
Segundo: En lo que se refiere a la autoridad de la iglesia, cada uno de sus miembros que sigue la fe externa y los reglamentos de la misma, tiene con a ella la misma relación que cualquier súbdito con su soberano; con la única diferencia que una oposición a la iglesia no puede ser objeto de castigo como en el caso del estado, sino que será tolerada sin consecuencias. Y aún añado que miraré con ira a todo aquel que abandone a su madre de fe terrenal, y llegará el día en que su suerte apenas será mejor que la de un suicida. Puesto que tenéis un cuerpo por el cual llegan las primeras impresiones al alma y la alimentan, también tiene que haber una despensa exterior, la iglesia exterior como madre de fe, para que mediante ella vuestro cuerpo maligno sea trabajado y preparado igual que un niño en el seno de su madre. Quien abandone el seno de su madre demasiado pronto, decidme, ¿qué será de él después?
Obediencia y humildad son el alimento para poder renacer en el Espíritu. Si esto os lo enseña la Iglesia romana, y lo hace excelentemente, ¿qué es entonces lo que os aparta de la madre de fe de vuestro cuerpo exterior? Por ello, manteneos fieles a vuestra Iglesia, porque un creyente de la Iglesia romana -si hace caso a su Iglesia- me resulta noventa y nueve veces mejor que una persona egocéntrica que demuestra poco amor y aún menos humildad. Respecto a las ceremonias, ¡que nadie se escandalice por ellas! Pues para el vivo todo está vivo, para el puro todo es puro, para el obediente todo es bienvenido y para el humilde todo resulta santificado. Quien cree estar en mi Luz, ¿cómo puede juzgar las prácticas de la Iglesia y del estado? ¿Acaso cree que Yo no tengo bastante habilidad para cambiar las condiciones según mi Voluntad? Si semejantes jueces estiman que Yo pudiera necesitar su asistencia pericial, entonces demuestran que se encuentran en un nivel aún mucho más bajo que el creyente más ingenuo. En verdad os digo, ¡estas cosas son una atrocidad para Mí! Todo sucede en su momento justo y sólo Yo soy el juez de todas las cosas y condiciones. Porque sólo Yo soy santo y justo en el Amor. Por eso, ¡seguid a vuestra Iglesia según sus conceptos y permitid que Yo conduzca vuestros corazones! ¡Entonces alcanzaréis pronto una vida en la Gracia y con ella el renacimiento del Espíritu, vivificando vuestra Iglesia exterior en vuestro cuerpo! Amén.
Tercero: En cuanto a las ceremonias, no hay nada en ellas que sea ni constructivo ni destructivo. Pero como todo en el mundo está asociado a ceremonias, con el mismo derecho la Iglesia exterior puede servirse de ellas. Pero que nadie crea que las ceremonias tienen algún mérito que sirve para llegar a la vida eterna; porque esta se alcanza únicamente con un corazón devoto y humilde, lleno de mi Amor y mi Gracia. Ahí se encuentra la Iglesia viva, ¡dentro de vosotros!, la que finalmente da vida y un sentido profundo a la Iglesia exterior muerta. Dos opciones hay: resucitar desde la muerte a la vida o desde la vida recaer en la muerte... Es decir, obedeciendo a la Iglesia podéis fomentar vuestra humildad, con ella entrar en la Gracia, y a partir de ahí llegar al renacimiento. Como alternativa, os podéis enterrar en las ceremonias muertas, al igual que los paganos, y perecer en su vano fulgor.
Así como un árbol crece echando ramas y tallos, y luego hojas, capullos y flores con sus filamentos femeninos y masculinos -algo que con el tiempo ya no servirá y se irá cayendo para que el fruto pueda desarrollarse según su especie- lo mismo sucede con la Iglesia repleta de ceremonias. Si alguien comiera de todo lo que todavía está creciendo, se pondría enfermo por tomar tanto alimento sin madurar. Porque, aunque frecuentemente hasta la flor contiene fuerzas curativas que en diversas enfermedades ya os han dado buenos resultados, sólo el fruto maduro es beneficioso. Ya veis cómo estos procesos vegetativos se parecen a las ceremonias muertas... Pero diréis: “Estos procesos vegetativos son necesarios porque su naturaleza así lo requiere; porque si los árboles se quedaran sin flor, ¿de dónde saldrían entonces los frutos?”
La Iglesia judía fue una Iglesia puramente ceremonial para la formación previa... Fue lo que las hojas y los capullos son al fruto vivo de la Palabra del Amor eterno. Y ahora pregunto Yo: “¿No fue justa si ha sido lo que tenía que ser? Si tenéis hijos, ¿cómo vais a conseguir que me conozcan a Mí y a mi Voluntad sino precisamente a través de procedimientos ceremoniales?”.
Al principio todos vosotros sois judíos y niños, y mientras todavía seáis niños, precisaréis efectivamente las ceremonias eclesiásticas. Sólo que no debéis permanecer en ellas, sino que, una vez que hayáis pasado el nivel elemental, debéis entrar en la clase siguiente para aprender en ella la lectura, la escritura y las matemáticas, y eso en el ámbito de mi Amor y en la Gracia de mi Sabiduría. Aquel cuyo corazón ha llegado a purificarse a través del amor, que venga a mi Escuela porque en ella, a través del renacimiento, llegará a la vida eterna. Pero aquel que, descuidando su propio interior, se apega a ceremonias que están muertas, a él le tocará la muerte por cometer la insensatez de tomar como fin los medios que los sentidos exteriores le proporcionaban. El que tira el agua de la palangana sin haber sacado antes al niño, no puede ser sino un loco perdido. Pero el que se desentiende del niño y no guarda sino la palangana con su agua, ese ya es víctima de su obstinación fanática, está muerto a causa de su maldad. El sabio, sin embargo, cuida del niño y guarda su bañera: el niño por ser el fruto vivo, y la bañera para poder bañarlo en ella todavía muchas más; de modo que sólo tira el agua... Por lo tanto, si queréis llegar a ser verdaderos hijos de mi Amor y Gracia, ¡no os escandalicéis con la flor, tenga la presencia que tuviere! ¿Qué veis en ella? ¡Pensad en el fruto! Así la flor os parecerá también sagrada porque sabéis que no os quedaréis únicamente en la verdura. Pero al que haya madurado y sea ya un buen fruto, le conviene volver de vez en cuando la vista atrás y observar con atención la evolución de su vida espiritual. Y sabed que quien en su orgullo desprecia el calzado de su infancia y se eleva como un buitre que observa con intenciones nefastas los modestos palomares desde las alturas, esperando ávidamente que se derrumben para quedarse con alguna presa, éste no me resulta agradable.
Sabed que sin mi permiso no sucede ni sucederá nada en toda la eternidad, e inmediatamente lo veréis todo de manera diferente. Aunque la propia voluntad de cada ser humano tiene plena libertad, la conducción de los pueblos es asunto mío. Esto os lo digo para que tengáis el corazón tranquilo, porque sin esta tranquilidad no seréis capaces de realizar cosas más sublimes. ¡Que la tranquilidad del día del Señor[15] sea el mayor beneficio para vosotros! Pues, el verdadero amor es como una mujer embarazada que precisa la tranquilidad para dar a luz. También os lo digo para que tengáis plena tranquilidad en Mí, vuestro Padre, que es santo, santo, santo de eternidad a eternidad. Amén.
Cuarto: Otro tema es el de la lectura de los llamados libros prohibidos. Caso que lleguen a vuestras manos, ni siquiera digo que no los leáis, al igual que no prohibo a nadie pronunciar el nombre del príncipe de las mentiras o, cuando haga falta, mencionarlo en plan de advertencia. Pero ¡preguntaos a vosotros mismos para qué os sirve todo lo que habéis leído en ellos! ¿Qué pueden enseñar libros que no son más que un producto de la soberbia razón humana? Os lo digo: nada más que disparates y desatinos inútiles que llenan vuestra cabeza de ideas confusas y vuestro corazón de toda clase de escorias, con el resultado de que vuestro espíritu se retira. Preguntaos también si hace bien quien me hace caso cuando le llamo: “Ven a mí si estás agobiado y cargado, Yo te aliviaré. Pide y se te dará; busca y hallarás; llama y se te abrirá”. Y cuando además le digo: “Todo lo que pidas al Padre en mi nombre, Él te lo dará; pero primero busca mi Reino, todo lo demás te llegará por añadidura”.
Pero, ¿en qué quedamos, si lo sabéis y aun así no venís a Mí para que podáis aprender de Mí los caminos de mi Gracia y recibir de mi mano la vida eterna? ¿No será que me tomáis por mentiroso o por sordo y demasiado duro de corazón para daros mi Palabra viva? ¿Acaso preferís que el mundo os engañe con mentiras y perecer en esa locura, en vez de venir a Mí en la confianza de vuestro verdadero amor y recibir la Verdad de toda vida y existencia, directamente desde la Fuente primaria, en vez de buscar la vida en lo que está muerto? ¡Oh necios! Yo os doy el pan de la vida, pero vosotros queréis morder las piedras duras y muertas. Yo os llamo con mi fuerte voz para que vengáis a Mí, y vosotros corréis detrás de los perros rabiosos y os comportáis como ellos. Yo grito a vuestros oídos, día y noche, más fuerte que el sereno, y para no oír mi Voz ocupáis vuestros sentidos en montones de libros vanos y, como sonámbulos, buscáis la vida en papel ennegrecido con tinta de imprenta. ¿Qué nombre se podría dar a semejante necedad? Os digo que lloraréis lágrimas eternas sobre vuestro disparate de elegir el plomo y despreciar el oro, pese a que se os han ofrecido tantas cosas nobles.
 ¡Más conviene rezar que leer!. Pues vendré a vosotros para daros en un instante más de lo os puedan ofrecer todas las bibliotecas del mundo. Así que no os preocupéis por la censura, porque aquél a quien he abierto el gran libro de mi eterna Gracia, podrá prescindir perfectamente de leer libros prohibidos. Porque mi Libro no está sujeto a censura ninguna del mundo, y siempre estará abierto en el corazón de los fieles, fuera del alcance de la mirada de cualquier censor mundano y donde no se podrá levantar tampoco barrera alguna, en toda la eternidad. Amén.
Quinto: En lo que se refiere a la Sagrada Escritura: ¡que en ella lean los de corazón sencillo y ánimo obediente, pero que no la lean con prejuicios ni por curiosidad, porque la letra es muerta! Quien la lea ha de considerarla como un indicador para la Palabra viva, y actuar de acuerdo con ella. ¡No rumiéis ni escudriñéis sus textos, sino vivid sus enseñanzas y así creceréis en el Amor hacia Mí! Porque de esta manera, en el momento oportuno se manifestará en vosotros el misterio de la revelación del conocimiento, y en vuestros corazones quedará patente el sentido celestial del Espíritu y de la vida eterna, como en tu caso, mi siervo[16], que sin haber leído nunca entero este libro sagrado, has llegado por mi Gracia a ser maestro de maestros sobre su contenido. Y lo que tú eres y entiendes está al alcance de todos que no aspiran a la mera sabiduría sino que, en la sencillez humilde de su corazón, ansían conocer mi Amor y la Gracia que emana de él.
Igual ocurre con los escritos místicos cuya lectura os sirve tan poco como una novela cualquiera, salvo que lleguéis a una convicción fructífera de lo leído; de lo contrario sólo cargaréis con ellos vuestra memoria, que es la boca de vuestra mente soberbia. En vez de hacerla tener hambre y sed de Amor y Sabiduría, la cebáis con los más diversos conocimientos intelectuales, quitándole así el apetito para el alimento de la Vida. ¡Qué necios sois!
YO soy la Sagrada Escritura, viva y dadora de Vida. ¡YO soy el mejor intérprete de ella y al mismo tiempo el místico más experto! Por ello ¡no leáis tanto sino actuad según ella! Así lo recibiréis todo por añadidura. La semilla de la mostaza es pequeña, sin embargo, puede nacer de ella una gran planta en cuyas ramas anidarán hasta incluso los pájaros del cielo. ¡Amén!
Sexto: En lo que se refiere a los sacerdotes Yo os digo: Los hay de muchas clases. Hay los que lo son por el prestigio y el poder, que desprecian mi gran pobreza e indiferencia ante las cosas mundanas; porque Yo no quería ser un príncipe del mundo sino un salvador suyo. También están los que son sacerdotes para ser dignatarios de la casta sacerdotal; estos, por su arbitrariedad interesada, condenan todo lo que surge de Mí, el pobre pescador. Y, contra mi Voluntad, enseñan que Yo no me manifiesto sino a la Iglesia, la cual ellos pretenden ser, cerrando así la puerta a mi Palabra viva a miles y miles de personas. Nunca escucharán de Mí otra cosa sino: “¡Apartaos de Mí, porque no os he conocido nunca! Pues, siempre despreciasteis mi Palabra viva, descalificándome como mentiroso”. Y escrito está: “Aquel que cumple con mis mandamientos es el que me ama. Y aquel que me ama a Mí, también ama a Aquel que me ha enviado, que es el Padre santo, y Nosotros vendremos a él, para tomar morada en él y manifestarnos a él”.
Pero también hay sacerdotes que merecen este nombre bendito. Son amables y llenos de amor hacia todos. Lo que tienen, lo dan a los pobres. No condenan a nadie sino que procuran salvar con el mayor cuidado lo que está perdido. Consuelan a los afligidos y dan cobijo a los exiliados, ofreciéndoles un lecho blando mientras que ellos mismos, por verdadero amor al prójimo, reposan su cabeza santificada sobre una piedra. No hacen ofrendas por dinero y a quienes los piden, le dicen: “Hermano, las ofrendas son sagradas y de un valor inestimable, pues, representan de forma viva la gran Obra de la Redención en la fe y en el Amor. De modo que no se pueden pagar ni ofrecerlas por el bien de un individuo particular. Pues así como todos pueden y deben renacer a la vida eterna mediante el Poder de la gran Redención, así también actúa la fuerza del Sacrificio realizado para este fin por Cristo mismo. Por eso, ayuda primero con tu donativo a un hermano pobre; y si después te sobra algo, tráelo y colócalo sobre el altar del Señor, orando por tus enemigos. Entonces, en el marco de mi Sacrificio santísimo, el Señor mirará el tuyo con benevolencia y te concederá lo que necesitas”.
Este es un verdadero sacerdote para Mí y su sacrificio es agradable a Mis ojos. Os digo: ¡Id y escuchad sus palabras, porque ni una sola de ellas es suya sino que todas provienen de Mí! Por eso, pronto experimentará la magnitud de la recompensa que le espera. Él habitará conmigo, su Padre santo, eternamente. No os tengo que decir más... Los reconoceréis por sus obras como a un árbol por su fruto. Así que no aborrezcáis a la Iglesia a causa de los sacerdotes, y menos aún por algún obispo. Como por presidir una comunidad el obispo ocupa un puesto más destacado, os podéis imaginar que no estará sólo, sino que en cada paso, palabra y acto suyo es observado muy de cerca por Mí, porque a través suya ha de ser mantenido el estado exterior de las cosas en buen orden.
Y en lo que se refiere a vuestro interior, sabéis de sobra que todo depende siempre de vosotros mismos, y luego de mi Gracia, la cual no os puede ser dada por ningún ángel del Cielo ni obispo alguno, sino que primero tenéis que actuar vosotros mismos, mediante el verdadero amor a Mí y al prójimo, el cumplimiento cabal de los mandamientos y, si sois pecadores, una penitencia seria.
¡Que en todo lo que hacéis se manifieste el amor a Mí y al prójimo! ¡Mantened la comunidad fraternal en todo lo bueno, y vendré a vosotros vivificándoos del todo! ¡Amad a los que os odian y persiguen, bendiciendo mediante oraciones a los que os maldicen y condenan! Entonces empezaréis a percibir la actuación viva de mi Luz en vuestros corazones oscuros. ¡Amén!           
Séptimo: Finalmente, respecto a la confesión oral y los siete sacramentos sagrados, Yo os digo y os insto: ¡No os molestéis por ello, servíos de todo de forma adecuada y en el sentido vivo y justo, y viviréis! Porque nada conviene al egoísta, mientras que al justo todo le resulta justo y sagrado. Hasta incluso conmoverá su corazón y alabará el nido de un pájaro, pese a que no es más que un simple nido muerto. ¡Cuánto más las cosas que han sido creadas para vuestra santificación no son simples caprichos! De vosotros mismos depende cómo las utilizaréis.
El que confiesa sus pecados ante el sacerdote, los reconoce abiertamente ante el mundo, lo que en su día le será tenido en cuenta si ya no vuelve a pecar. Pero el que después de la confesión sigue pecando como antes, ha convertido la confesión en una cuenta de pecados que en su día le producirá altos intereses para el infierno. Quien se confiesa y hace verdadera penitencia sin pecar más, está en buen camino. Pero quien todo eso lo considera vano, día llegará en que quedará sorprendido por encontrarse ante un abismo extremadamente difícil de saltar .
Os he dado las reglas, el orden y el sistema, ahora tenedlas en cuenta y servíos de ellas piadosamente, porque, como ya he dicho, lo exterior carece de valor. Según las apliquéis, así será el resultado. Pero todo esto depende enteramente de vosotros mismos. Si bajo el Sol crecen hierbas beneficiosas y otras venenosas, su naturaleza no depende del Sol, sino siempre de la constitución interna de las plantas. Igualmente los resultados, buenos o malos, siempre dependen de vosotros. ¡Amén! Yo, vuestro Padre que os ama. ¡Amén!

Éste es camino más corto al renacimiento


Con el hombre justo pasa lo mismo que con un árbol cuyo fruto no madura de golpe, sino poco a poco. Si ha habido una primavera templada y un verano caluroso con lluvias de vez en cuando, entonces decís: “Este año tendremos una cosecha temprana”. Y lo mismo ocurre con vosotros. Cuando vuestra juventud ha sido animada con un suave amor hacia Mí, entonces el verano de vuestra vida también será cálido, bendecido por los chubascos celestiales de mi Gracia, y podéis estar seguros que el otoño dorado no tardará, trayendo la madurez eterna de los frutos inmortales. Pues quien quiera renacer de Mí, tendrá que reconocer sus pecados y confesarlos abiertamente para su propia humillación, es decir, exteriormente mediante una confesión oral, e interiormente a Mí, pidiéndome perdón, tal como está indicado en mi Oración[17]. Y como Pedro, tiene que sentir un verdadero arrepentimiento, tristeza y temor, vertiendo lágrimas a causa de la pérdida inestimable de mi Gracia, proponerse firmemente no volver a pecar nunca, querer romper con el mundo y entregarse totalmente a Mí, y permitir que en su amor crezca una gran ansia por Mí.
Con este gran anhelo, deberá retirarse del mundo y de sus quehaceres a una habitación con las puertas y las ventanas cerradas y, durante por lo menos siete cuartos de hora cada día, con un silencio total en su interior, dedicarse únicamente a Mí. Entonces, en estos ratos de silencio, deberá hablarme fervorosamente en su corazón:
«¡Señor, aquí estoy! Oh Santo Padre, llenísimo de Amor, te dejé esperar por mucho tiempo, a pesar que Tú me llamabas sin cesar, ya desde mi niñez:

¡Ven a Mí!, - ¡Yo quiero reconfortarte!

Ahora, oh Padre, llegó la hora en que se abre mi oído y mi voluntad, por costumbre inflexible, y se entrega por completo a la Tuya, lleno de humildad y obediencia ante Ti y también ante mis mejores hermanos de acuerdo Tu Voluntad.
¡Por eso ven a mí, mi amadísimo Jesús, y reconforta mi alma enferma con el bálsamo de tu Amor infinito!
¡Déjame encontrar mi gran culpa en tu amargo Sufrimiento y Muerte; déjame ver tus cinco Santas Heridas y reconocer en ellas mi gran fechoría!
¡Oh, Jesús, Tú que eres el Vencedor de la muerte y del infierno, ven hacia mí y enséñame a reconocer mi completa nulidad y Tu Todo!
¡Oh, Tú mi dulce Jesús llenísimo de Amor, Tú, Señor de todos los señoríos, ven a mí que soy pobre, ven a mí que soy débil, ven a mí que estoy sordo, ven a mí que tengo lepra, ven a mí que estoy paralítico, ven a mí que estoy poseído, —sí, mi amadísimo Jesús, ven, ven, ven a mí que estoy muerto y sólo déjame tocar Tu Santa Vestimenta, para que así pueda vivir!
¡Señor, pero no te tomes tiempo, porque necesito de Ti infinitamente! ¡Ya no puedo estar sin Ti, porque Tú eres mi Todo y todo lo demás se ha vuelto nada por amor a Ti! ¡Sin Ti, ya no puedo vivir; por eso, oh, mi querido Jesús, ven inmediatamente hacia mí!
Sin embargo y como siempre que se haga según Tu Voluntad, incluso esta vez! Amén».
Después de esta oración, id a descansar para que crezca vuestro amor y anhelo por Mí. Si hacéis lo que os digo tan sólo durante un corto tiempo, pronto veréis y oiréis rayos y truenos. Pero ¡entonces no os asustéis ni tengáis miedo! Porque primero llegaré a cada cual como juez con tormenta, rayos y truenos, pero después como Padre, en un soplo suave y sagrado.
Quien quiera someterse a una así llamada confesión general verdadera, se propone realmente mucho, porque para ello hace falta más humildad y abnegación todavía. Esto significa que ha de tener el firme propósito de no volver a pecar, y ha de recibir después la Comunión con fe viva y amor puro hacia Mí. Pues, sólo entonces notaréis instantáneamente esos efectos maravillosos en vosotros, que se manifestarán pronto en una alegría y un deleite celestial inimaginables.
Y sabed que este es el camino más corto y más eficaz que lleva al renacimiento, único mediante el cual se puede ganar la vida eterna.
Cualquier otro camino tarda más y es más inseguro, porque hay muchas sendas donde acechan salteadores de caminos, ladrones y asesinos. El que no va bien acorazado y armado hasta los dientes, difícilmente llegará a su meta. ¡Recordad siempre quién es El que os lo dijo!
Por eso pienso que en vez de acudir a distracciones y diversiones mundanas y frecuentar ambientes indecentes, os interesa más bien elegir la comunión gratis conmigo, en el marco del día del Señor, sin pagar entrada, y utilizar el dinero en algo mejor. ¿Qué creéis que será mejor y más agradable a mis ojos? Recordad lo que ya he dicho a los Apóstoles: ¡Nadie puede servir a dos señores a la vez! ¡Pensad bien quién os lo recuerda! Amén. Yo, vuestro santo Padre de eternidad a eternidad... ¡Yo soy! Amén.

Fuente:
Jakob Lorber - Dádivas del Cielo
(dadi2.40.08.18)

Purgatorio: Estados para la curación del alma

Aquí no se trata de una cura paliativa* sino de la sanación del alma.
*paliativo: que tiene como finalidad mitigar, suavizar o atenuar el dolor de un enfermo.
Todo hombre que fallece es puesto en un estado que tiene el nombre “Hades”, algo equivalente a como la iglesia católica denomina el “purgatorio”. 

Los jóvenes espíritus guías se encargan de conducir al alma a través de los siguientes etapas:

Estado 1: 

En este estado el hombre tiene que realizar voluntariamente una confesión general de vida. Desde la A hasta la Z. Se trata de un completo “desvestirse”.

Estado 2: 

La confesión anterior produce un cambio en el estado del alma en el que cada espíritu se encuentra completamente desnudo. 

Estado 3: 

Transición a un tercer estado que consiste en un aislamiento en silencio y soledad. Aquí se trata de eliminar todo lo sensual que se trajo del mundo.

Estado 4: 

En caso positivo el alma pasa a un estado celestial, caso contrario entra al estado del primer infierno.

Ejemplo: 

Un hombre llega al más allá y pregunta por el cielo. Aquí se le muestra el cielo real pero en manifestación temporal. Al hombre no le gusta porque él tenía otro concepto del cielo y lo abandona. No le gusta porque en el cielo real hay que trabajar al servicio del prójimo. 

El hombre exige pues salir de este cielo real y después pide algo que en la Tierra le generó placer. Los espíritus guías le conceden el deseo y el hombre repite lo que hizo en la tierra. 

Pero ahora, en vez de placer, experimenta dolor después de realizar el acto pecaminoso y decide repudiar esta avidez. Y así se busca otra avidez o pasión que tuvo en la Tierra. Pero esta otra avidez también termina en dolor y así se repite con todas las avidez es que tuvo desde su niñez. 

Sea las mujeres, el juego, la mala música, la poesía sensual o todo lo mundano. Se trata de todo lo que tuvo algún grado de preferencia en su vida y que lo llevó a una pasión de soberbia. Todo esto se va eliminando uno tras otro. 

Lo importante es que todo esto se tiene que realizar siempre en forma voluntaria. Nadie le obliga a hacerlo, solo él mismo tiene que obligarse.

Pero al final se sale del purgatorio, ya sea para entrar a un estado celestial que lo conduce al Cielo, o para entrar al primer infierno.
  
Fuente: “El Sol Espiritual”, Tomó 2, Capítulo 120

lunes, 16 de abril de 2018

La vida eterna del alma

El cuerpo físico muere cuando se disuelve en el polvo de donde vino. 

El espíritu muere cuando pierde la capacidad de ir en contra del orden divino —explica el Señor a través de las obras reveladas a Jakob Lorber. 

Cuando en la Biblia se habla de la segunda muerte, se refiere a la muerte del espíritu. Pero no es que el espíritu pueda morir de verdad, porque es inmortal, pero puede perder la capacidad de tener la libertad de ir contra del orden de Dios. 

Esta capacidad se perdió cuando el espíritu fue encarcelado en la materia después de la rebelión que hubo en tiempos remotos. 

¿Y qué pasa con el alma, puede esta morir?

Sí y no.

El alma puede unirse con el cuerpo físico y por lo tanto puede morir también junto al cuerpo físico.

Pero también puede unirse al espíritu libre que obtiene la vida eterna y llevando al alma a que también se vuelva inmortal.

La libertad es vida


El espíritu tiene vida porque es libre de hacer lo que quiera. La libertad es parte esencial de la vida misma. Tiene libertad de ir a favor del orden como en contra. Si un espíritu decide ir a favor llega a la perfección. Si, en contra, hay un límite que pone Dios para que él no se destruya a si mismo y Él le quita esa libertad de ir en contra. A eso se llama la muerte espiritual. 

¿Cómo se quita la libertad? 

Se encarcela al espíritu en la materia por un tiempo.


La segunda muerte según la Biblia


Apocalipsis 2:11: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte"
 

Apocalipsis 20:6: "Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos"


¿Qué significa ser mundano?

Ser mundano significa decidir identificarse con el mundo. Es hacer que el alma se identifique con la materia. El "mundo" es la mentalidad en la que solo se reconoce la materia como la única realidad. No se conoce el mundo espiritual que es todo lo relacionado a las ideas inmateriales que vienen de Dios. Ideas que nacen del Amor y de su Sabiduría. Solo hay pensamientos intelectuales del alma y no del espíritu.


martes, 10 de abril de 2018

El Señor y los fariseos ante la puerta de la ciudad

[gej10.163.001] Mientras enseñaba, volvimos a acercarnos a una ciudad antigua habitada mayoritariamente por romanos pero también por griegos y judíos, y allí, como se suele decir, tuvimos la suerte o no tuvimos la suerte, sin importar cómo uno lo quiera nombrar, que primero nos encontramos con varios judíos y entre ellos algunos fariseos.

[gej10.163.002] Los fariseos me reconocieron y dijeron a los judíos: "Mirad, allí viene ese Nazareno con sus discípulos que en la última fiesta realizó varios de los así llamados milagros, que probablemente aprendió en la escuela de los Esenios y que después instruyó a la gente en el templo con cosas como que Él es mayor que Abraham, y muchas otras cosas.

[gej10.163.003] Tuvo suerte de no haber sido completamente apedreado, porque estábamos muy irritados al ver que Él tenía la intención de presentarnos como estúpidos ante la gente.

[gej10.163.004] Al mismo tiempo, afirma que en todas partes es el Hijo de Dios, y sus discípulos y el pueblo lo creen de él. Y a Él no le importa el día de reposo. Él es un glotón y un borracho y se asocia con cobradores de peajes y pecadores. Pero sobre nosotros, que nos adherimos a los preceptos de Moisés, Él habla con desprecio en todas partes, y en cada oportunidad Él nos "consuela" con la condenación eterna.

[gej10.163.005] Es comprensible que no podamos ser amigos de esa persona, especialmente porque sabemos demasiado bien de dónde proviene Él, quiénes son Sus padres y Sus hermanos y hermanas.

[gej10.163.006] Pero ciertamente no es tonto, porque sabe muy bien cómo ganar a los gentiles con sus discursos y milagros, tanto romanos como griegos, para derrocarnos con su ayuda. Pero su plan no tendrá éxito. Y Él no debería venir demasiado a Jerusalén, o de lo contrario, pondremos fin a esa filiación divina suya de una manera que en verdad no será agradable para él.

[gej10.163.007] Ahora Él comete Sus malas prácticas aquí en estas ciudades gentiles, ciertamente también con el propósito de predisponer a los habitantes tanto como sea posible contra nosotros. Pero él hará un mal negocio con eso porque Jerusalén seguirá siendo Jerusalén, aunque mil de tales hijos de Dios como Él estén en contra de ella ".

[gej10.163.008] Mis discípulos también podían entender completamente estas últimas palabras porque en ese momento ya estábamos cerca de ese grupo. Y se preguntaban acerca de mí en cuanto a cómo podía tolerar y soportar esto.

[gej10.163.009] Pero les dije a los discípulos: "Si os sentís tan terriblemente ofendidos porque ellos dan un testimonio tan malo de Mí, id donden ellos y atadles la boca a cada uno de ellos para que ya no puedan hablar más". Yo pienso que esa será una tarea muy difícil para vosotros. De todos modos, es más fácil para nosotros pasar por allí pero silenciosamente.

[gej10.163.010] ¡Dejad que los perros ladren, mientras ladren no morderán! Pero si nos atacan y muerden cuando pasamos por allí, entonces les mostraremos que nuestra boca no está sin dientes y nuestras manos no tienen uñas".

[gej10.163.011] Estas palabras Mías calmaron a Mis discípulos en su mayor parte, pero por dentro todavía estaban hirviendo, por lo que a algunos de ellos también les hubiera gustado decir algo en contra de los judíos y fariseos, algo que no les hubiera gustado oír, pero se controlaron y siguieron Mi ejemplo.

[gej10.163.012] Pronto nos acercamos a ellos, no miramos en absoluto dónde estaban parados y pasamos junto a ellos silenciosamente.

[gej10.163.013] Sin embargo, estos judíos y fariseos fueron impulsados por la curiosidad de ver y mirar lo que haríamos en esta ciudad. Y antes de llegar a la puerta de la ciudad, dos fariseos vinieron con un ritmo rápido hacia nosotros justo en la entrada para evitar que entremos a la ciudad.

[gej10.163.014] Uno de ellos, cuyo nombre era Dismas, me preguntó con agudeza qué quería hacer en esa ciudad, si me quedaba o solo la atravesaba.

[gej10.163.015] Y le dije: "¿Eres tú el juez de esta ciudad que es el único que tiene derecho a preguntar a los viajeros del porqué vinieron a la ciudad y puede pedirles que muestren sus documentos de viaje?"

[gej10.163.016] Entonces ese fariseo dijo: "No soy un juez de la ciudad pero soy un jefe de la comunidad judía aquí y, como tal, también tengo el derecho de preguntar a los viajeros por qué razón vinieron a esta ciudad, y especialmente tú y tu compañía, porque te conozco de Jerusalén y sé muy bien que no eres un amigo de nosotros, y no guardas nuestros viejos preceptos en lo más mínimo, porque no podemos y no aceptaremos lo que a menudo en voz alta afirmaste ser delante de nosotros y la gente.

[gej10.163.017] Sabemos que puedes hacer muchas cosas, puedes hablar sabiamente y eres capaz de realizar señales que sorprenden a todas las personas, pero también eres nuestro enemigo y tratas de llevarnos a la ruina, nosotros que guardamos las viejas leyes. Pero ten cuidado de ver si alcanzarás tu objetivo, porque tus signos maravillosos que aprendiste de los esenios pronto serán percibidos, y entonces ya se verá qué más puedes hacer.

[gej10.163.018] Puedes engañar a los gentiles con eso, pero no a nosotros que somos descendientes de Abraham. Pero si realmente puedes hacer algo piadoso, entonces haz una señal delante de nosotros, entonces creeremos que puedes hacer más que todos los Esenios y otros magos en la Tierra, y que en realidad estás lleno del Espíritu de Dios".

[gej10.163.019] Le dije: "Realicé muchas señales tremendas en tu presencia, nunca realizadas por un ser humano en esta Tierra, y dijiste que Beelzebub, el jefe de los demonios, me había ayudado. Si creéis eso que también fue que, en esa misma creencia, también vuestros antepasados apedrearon y mataron a casi todos los profetas antiguos porque también dijeron que tenían el diablo y que con su ayuda hicieron predicciones y realizaron señales, entonces ¿cómo puedo ser Yo una luz para vosotros para que reconozcáis la verdad de Mi enseñanza y Mis obras?

[gej10.163.020] Vosotros tenéis a Beelzebub como padre, y enseñáis y actuáis según su inspiración, que Yo puedo ver muy bien. Por esta razón, acudí a vosotros varias veces, para liberaros de vuestros grilletes, pero prefieres seguir siendo siervos del demonio en lugar de ser siervos del único y verdadero Dios a quien no conocéis y nunca habéis conocido. Entonces quedaos con vuestra servidumbre. Yo me quedaré con los Míos, y rápidamente revelaré ante los ojos de todo el mundo quiénes sois y quién soy Yo. Y ahora dejadnos continuar andando y que te vaya bien en nombre de a quién sirves".

[gej10.163.021] Estas palabras mías ofendieron tanto a estos fariseos que quisieron llevarnos a Mis discípulos y a Mí de inmediato a la oficina del juez de la ciudad.

[gej10.163.022] Pero les dije: "Yo soy el Señor, y haré lo que quiera. Será mejor que os preocupéis de que no tengan que lidiar con el juez de la ciudad".

[gej10.163.023] Vine con Mis discípulos muy pacíficamente y no quería molestar a ninguno de vosotros, ni con una palabra ni con una expresión facial, aunque escuché desde lejos el tipo de charla humilladora que tenían sobre Mí entre cada uno de vosotros. Por lo tanto, habría tenido el derecho de llamaros para exigiros cuenta de quién os dio aquí el derecho a criticarme en un país extranjero con el que ni a mí ni a ninguno de mis discípulos puede agradar. Y así, te digo una vez más que Yo soy el Señor y que tengo el poder de entrar en esta ciudad y no dejarme obstaculizar. Pero si esto no es suficiente para ti y quieres mantenerte con tu intención, sabré cómo actuar contra eso".

[gej10.163.024] Después de estas palabras mías, Dismas, que tomó todo este asunto en serio, le dijo a su muy obstinado compañero: "En nombre de Dios, déjenlos ir. Volvamos simplemente a nuestro grupo, porque yo no querer interferir aún más con las personas que poseen poderes secretos. Si actúan en contra de la voluntad de Dios, Dios sabrá cómo castigarlos y destruirlos en el momento correcto. Pero si de todos modos actúan de acuerdo con la voluntad del Todopoderoso no seremos capaz de hacer cualquier cosa contra ellos".

[gej10.163.025] Pero el compañero de Dismas no quería escuchar eso y llamó a los otros, que lentamente caminaron detrás de ellos para ayudarlos y para llevarnos conjuntamente a Mis discípulos y yo al juez de la ciudad.

[gej10.163.026] Yo dije: "¡Hasta aquí y no más con vuestra furia de Beelzebub en contra de Mí y de Mis discípulos! ¡Colocaré guardias ante vosotros que os impedirán entrar por cualquier puerta de esta ciudad! ¡también sea el signo que querías recibir de Mí! ¡Ojalá veas que soy verdaderamente un Señor sobre todas las criaturas en esta Tierra y también un Señor infinitamente más allá, mucho más allá de lo que puedas imaginar! Lo quiero, ¡y que así sea!"

[gej10.163.027] En ese mismo momento, 14 leones grandes y enojados se pararon frente a los judíos que venían detrás de nosotros, y uno de ellos agarró al obstinado compañero de Dismas y lo trajo de vuelta a sus compañeros.

[gej10.163.028] Pero Dismas cayó de rodillas ante Mí y me pidió que lo perdonara, ya que él pensaba de manera muy diferente acerca de Mí, y que él, en la medida de lo posible, ya había pronunciado mis palabras en Mi favor varias veces en el Alto Consejo, pero que era como echar aceite al fuego, y reconoció que finalmente, por necesidad, tenía que ladrar junto con los perros. Ahora sus tercos compañeros deberían ladrar contra los leones, y estos probablemente no tendrán miedo de sus ladridos.

[gej10.163.029] Le dije: "Ve por nosotros a la ciudad y llévanos a una posada honesta. Después de eso puedes ir al juez de la ciudad, Titus, y decirle que lo espero en esa posada".

[gej10.163.030] Dismas me dio las gracias, se puso de pie y nos llevó de inmediato a una posada cercana en esta ciudad.

miércoles, 4 de abril de 2018

La importancia del conocimiento de lo malo

1 Yo, mejor que nadie, sé que a algunos no les va a gustar mucho estos relatos que son algo demoníacos, pero también sé que algunos se tropezarán con alguna aparente contradicción. Pero esto no afecta el tema. El que está sentado le va mejor que el que tiene que estar de pie. Una cama cómoda es también mejor que una piedra debajo de la cabeza. Por eso quien esté sentado o acostado sobre la cama cómoda que quede así, porque le va bien de esa manera. Pero nosotros no deseamos ni estar sentados ni acostados, y mucho menos estar de pie detenidos, sino caminar y, para ser más exactos, caminar avanzando y no retrocediendo. Por eso, que no nos importe si nos enteramos de algo que tenga un sabor algo amargo, pero que es muy saludable para nuestro espíritu. 

Porque si ya es difícil pelear contra un enemigo que se ve y se conoce, ¡cuánto más difícil es una pelea contra un enemigo al cual no se le ve ni se le conoce! 

Por eso es también necesario conocer al enemigo para saber cómo hacerle frente para así salir victorioso ante la lucha eminente. 

2 Una vez que el grano ha sido separado de la paja y almacenado en el granero, entonces ya se puede atar y quemar la paja y esto no le afectará en nada al grano ni al granero. Por eso, si alguien ha encontrado la Gracia Conmigo, entonces ha sido colocado bajo protección en el mejor granero como grano de trigo vivo y espiritual. Y si su paja corporal recibe algunas rajaduras por parte de Satanás, esto no dañará al espíritu. 

3 No se necesita demostrar que no es  agradable para el lector y el dador de la Palabra cuando se muestra ante los ojos de los vivos situaciones satánicas y sus efectos. 

Pero un buen farmacéutico tiene que poder manejar con habilidad, no sólo las esencias puras de vida, sino también todo tipo de veneno; de lo contrario no sería un farmacéutico hábil. 

Por eso es de suma importancia, para la vida eterna del espíritu, conocer desde sus bases tanto el infierno como el cielo. 

4 ¿Quién de vosotros sería tan necio de contratar una lavandera para que lave ropa limpia? Al contrario, se contrata a la lavandera para la ropa sucia, porque lavarla es una obligación conforme al orden. 

5 Por eso, ni los espíritus angelicales ni los hombres van a limpiar y barrer el cielo, sino solo lo que desde el pasado estuvo y permaneció sucio. 

6 Pues, es más necesario conocer con mayor precisión el lugar de la suciedad que el de la pureza. Porque sólo el primero tiene que ser procesado. Una vez que se vuelva limpio, entonces el cielo vendrá por sí solo. 

7 Una doctrina sería también muy tonta y necia si diera un mandamiento a alguna comunidad humana en la que ella tenga que resaltar constante y exclusivamente su parte buena y elogiarla por sobre la medida; y que nunca busque meditar sobre lo malo ni que se reprenda a sí misma por sus errores. 

Lo bueno no necesita que lo resalten ni que lo elogien porque lo bueno se distingue y se elogia automáticamente. 

Pero sí es muy necesario, que cada hombre haga la caza de sus malos pensamientos, pasiones y obras y las mate como si fueran animales salvajes en el bosque mundano del desorden. Todo esto para que se cumpla en él el dicho: "Y cuando hayáis hecho todo, reconoced: ¡Siervos inútiles somos!" (Lucas 17,10).

8 Y, a decir verdad, es mucho mejor decir: "¡Señor, ten piedad y misericordia conmigo que soy un pobre pecador!" que decir: "¡Señor, te agradezco que no soy como otra gente, como por ejemplo ese publicano y todo tipo de pecadores que hay por allí!" (Lucas 18:9-14)

Porque de otra manera uno se asemejaría a un fariseo soberbio o a un monje del claustro que es extremadamente necio. O también al hombre que peregrina hacia una estatua o imagen de idolatría y que se santigua con toda seriedad tanto ante el diablo como al crucifijo. 

9 Juzgad por vosotros mismos, qué es más necesario entre estas dos posibilidades: 

¿Conocer el piso sobre el cual se camina, o el firmamento contra el cual jamás nadie se ha golpeado la cabeza? 

El piso nos lleva y nos soporta. Por eso debemos averiguar qué firmeza tiene, saber si existen precipicios en los que podemos caer y, si los hay, de qué manera podemos evitarlos. 

10 ¿De qué le serviría a alguien si tuviera ante su nariz todo el cielo revelado como una enciclopedia abierta y se tropezara en el camino contra una buena piedra, la más próxima, cayéndose sobre su nariz junto con todo su cielo? 

11 Naturalmente es mucho más exquisito, da más alegría y es más edificador navegar con los ojos por el cielo estrellado que por el suelo que está lleno de suciedad e inmundicia. 

Habría que preguntarle a alguien, que se ha acostumbrado a navegar con sus ojos solo a través de las estrellas pero que ha caído en un pozo de excrementos: 

¿cómo retirará la suciedad de su vestimenta? ¿Lo hará con la ayuda de las regiones estelares? ¿O del agua pura que se encuentra sobre el suelo terrestre? 

Yo pienso que para esta tarea no será necesario ninguna de las doce constelaciones del firmamento, tampoco de Orión, Casiopea, Castor o Polux, sino tan solo de agua o, si es que la suciedad no es mucha, de un cepillo, un instrumento hecho de madera y cerdas que provienen de los animales más impuros pero que para la limpieza es mucho más apropiado que Orión, Casiopea, Castor y Polux. 

12 Como ya se dijo anteriormente, por supuesto que no es algo agradable dar a conocer el infierno, el diablo y a Satanás. Pero si alguien tiene que pasar durante un tiempo en la casa de estos señores para conocer el lugar que deberán limpiar en el futuro junto con estos malos señoríos de esta casa, entonces sería la mayor necedad hacer aquí una señal de la cruz con el fin de protegerse como una oruga de todos estos diablos, en vez de aumentar diez veces más la atención y observación para que no se escape nada de las características de esta casa. 

13 Quien quiera evitar lo malo tiene que primero conocerlo, de otra manera permanece siendo como un niño menor de edad, incapaz de discernir, uno que no encuentra diferencia entre el estiércol y el pan, entre la serpiente y el pez y se mete a la boca tanto lo uno como lo otro cuando tiene hambre. 

14 Pero Yo quiero deciros que tales temores provienen simplemente porque vosotros no habéis tenido otra idea del cielo y mucho menos del infierno que la que os ha enseñado el amoroso y muy humano padre Kochheim o San Ignacio de Loyola, y, después de estos dos "sabios" (que por cierto no son sabios provenientes del oriente) también la que os ha enseñado todo el sacerdocio católico, ya sea con sotana o sin sotana. 

Estos logran impresionar solo en forma intensa e interesante al diafragma de los parroquianos que son muy obtusos cuando ellos, dentro de una sola prédica, maldicen y condenan al infierno a toda la pobre audiencia por lo menos unas treinta veces. 

Claro está que antes han descrito a los habitantes del infierno de una manera muy visible y tan candente que si un predicador, como San Ignacio y Kochheim, hubiera soltado su prédica en el polo norte ya hubiera barrido con todo el hielo hasta su fundamento. 

Por supuesto que tal prédica, ante la cual incluso Satanás tendría respeto, y que ha sido inculcado en el corazón de un niño, tiene que generar los efectos más extraños. 

15 Lo mejor del asunto es que justamente este asunto no tiene ningún fundamento y nunca encontrará alguno, por eso que a menudo sucede que entre 500 oyentes de tal prédica de tormenta infernal por lo menos 200 duermen; 200 no le prestan atención, y 100 solo se acuerdan el amén de toda la prédica. 

Todo esto lo logra el espíritu de tal prédica, por eso está bien que se reconozca lo malo desde su fundamento para que cada uno reconozca fácilmente dentro de sí cuando lo malo se encuentre cerca. Y por este motivo se os dará a continuación varios temas de reflexión relacionadas de los cuales vosotros no tenéis que temer gracias a esta instrucción previa.

Jakob Lorber - "La Tierra y la Luna" Cap. 57 tl.57

martes, 3 de abril de 2018

¿Por qué no debería amar a Dios?


Moisés mató a un hombre, Saulo asesinaba a cristianos, Pedro negó a Jesús, Tomás no le creía al Señor, Judas era un ladrón y María Magdalena, una prostituta, y todos ellos siendo grandes pecadores amaban a Dios. 

¿Por qué yo debería tener vergüenza de amar a Dios?

sábado, 17 de marzo de 2018

Las cartas del rey Abgaro

Correspondencia de Abgaro Ukkama,
rey de Edessa, con Jesús de Nazareth


PRIMERA CARTA DE ABGARO AL SEÑOR JESUCRISTO

1 Carta de Abgaro de Edessa a Jesucristo, el buen Salvador, que ha aparecido en la región de Jerusalén, ¡Salve!.
2 He oído hablar de Tí y de las curaciones que haces sin medicinas ni plantas. Pues se dice que Tú devuelves la vista a los ciegos, que haces andar a los paralíticos, que purificas a los leprosos y expulsas los espíritus impuros y curas a aquellos que sufren de enfermedades crónicas en fin, que resucitas hasta los muertos.
3 Después de haber oído estas cosas sobre Tí, he sacado en mí la conclusión que una de las dos cosas tienes que ser cierta: o bien eres Dios descendido del Cielo, - o bien, para cumplir tales cosas, eres al menos un hijo del gran Dios.
4 Por lo tanto te ruego, por medio de esta carta, que vengas a mí para curar la enfermedad que tengo.
5 También he oído decir que los judíos murmuran contra Tí y quieren causarte daño. Yo tengo una ciudad, sin duda pequeña, pero está bien dispuesta, y para nosotros dos será suficiente. Por consiguiente, mi sumamente estimado amigo Jesucristo, quédate conmigo en mi ciudad y en mi país. Todo el mundo aquí Te mimará y guardará en su corazón. Te espero con la mayor ansia de mi corazón.
6 Enviado por mi fiel servidor Braceo.

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RESPUESTA DEL SEÑOR JESUCRISTO

1 »Abgaro, bienaventurado eres, porque sin haberme visto tienes fe. Porque sobre Mí está escrito. que aquellos que me hubieren visto no creerán en Mí, para que aquellos que no me hubieren visto crean y vivan en la Eternidad.
2 Mas respecto a lo que me dices de que vaya porque aquí en el país de Judea seré perseguido, te digo: Es necesario que todo aquello por lo cual he venido mundo se cumpla en Mí, en este lugar, y que Yo mismo al poco tiempo de que todo haya sido cumplido en Mí, ascienda hacia Aquél del cual he venido desde la Eternidad.
3 Pero sé paciente en tu leve enfermedad. Tan pronto como Yo haya subido al Cielo te enviaré mi discípulo para que cure tu enfermedad y te de la verdadera salud, a tí y a todos los que estén junto a tí.«
4 Escrito por Santiago, un discípulo del Señor Jesús y enviado desde las cercanías de Genezareth por Braco, mensajero del rey.
5 Poco tiempo después que Abgaro hubo recibido esta celestial respuesta, sucedió que el primogénito, príncipe heredero de este rey, cayó en una fiebre mortal que los médicos de Edessa dijeron que era incurable. Esto llevó al desdichado Abgaro casi a la desesperación. En su grandísima aflicción escribió nuevamente al buen Salvador.

SEGUNDA CARTA DE ABGARO AL SEÑOR JESUCRISTO

1 Abgaro, mezquino soberano de Edessa, a Jesucristo buen Salvador que ha aparecido en la región de Jerusalén, ¡Salud y honor divino!.
2 ¡Oh Jesucristo, buen Salvador! Mi hijo primogénito, heredero del trono, quien esperaba conmigo, con gran paciencia y gozo, Tu llegada a mi ciudad, ha enfermado mortalmente. Una fiebre maligna se ha apoderado de él, poniéndolo en peligro de morir en cualquier instante. Pero yo se, como el mensajero me ha asegurado, que Tú curas estas enfermedades sin medicinas, solamente con Tu palabra y Voluntad, incluso a distancia.
3 ¡Oh Jesucristo, buen Salvador! ¡No me conformes esta vez a mí, que también estoy enfermo, con el tiempo de Tu Ascensión al Cielo que me has anunciado, sino, ayuda, ayuda, ayuda ahora mismo a mi hijo!.
4 Escrita en mi ciudad de Edessa, enviada por el mismo fiel mensajero.

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RESPUESTA DEL SEÑOR JESUCRISTO

1 »Abgaro, grande es tu fe. Por ella bien podría mejorar tu hijo. Mas como Yo he encontrado en ti más amor que en Jerusalén, por eso quiero hacer mucho más por tí que si sólo hubieras creído.
2 Yo, el Señor de toda la Eternidad, ahora un maestro de los hombres y un libertador de la eterna muerte, daré a tu hijo la vida eterna antes de Mi Ascensión, porque sin verme ni conocerme, antes de saber Mi pasión que sufriré por todos los hombres, me ha amado con todo su corazón. Así, Mi querido Abgaro, perderás a tu hijo en el mundo según la carne, pero lo ganarás mil veces más según el espíritu en Mi Reino Eterno.
3 Mas no creas que tu hijo, cuando muera, morirá de verdad. ¡No, no! Cuando muera despertará del sueño mortal de este mundo a la Verdadera Vida Eterna en Mi Reino, la cual es espiritual y no corporal.
4 Por eso no te aflijas en tu alma. Ve y oye en silencio: ¡Sólo Yo soy el Señor, y fuera de Mí no existe ningún otro! Por eso Yo hago libremente lo que hago Nadie puede decirme: haz esto o no lo hagas.
5 Mas lo que Yo hago y permito ahora -ser perseguido como un hombre débil- eso Yo lo había previsto ya aún antes de que la tierra fuera fundada y antes que el sol, la luna y las estrellas iluminaran la tierra desde el firmamento. Por eso salí del Padre, el cual está en Mí, como Yo en Él. El Padre es el Altísimo porque Él es el Amor en Mí, Mi Voluntad. El Espíritu que emana de Mí y del Padre, actuando de Eternidad en Eternidad, es el Santísimo. Y Yo soy todo esto, Yo el que te revela tales cosas.
6 No te aflijas ahora que sabes quien es Él, el que te ha manifestado estas cosas. Pero cállalo todo hasta que Yo sea levantado en el madero por los judíos, de lo que tendrás noticias tan pronto como suceda; porque si hablas en tiempo importuno, el mundo tropezará antes de tiem­po.
7 En días próximos llegará a tu ciudad un joven pobre A éste acógelo y hazle bien y con eso alegrarás mi corazón. Hazle todo el bien a causa de la gracia tan grande Yo he demostrado para con tu hijo, al enviarlo antes que Yo, debido a su gran amor, allí donde Yo mismo iré de haber sido levantado en el madero. Amén.«
8 Escrita en Caná de Galilea por el discípulo Juan y enviada por el mensajero del rey.


TERCERA CARTA DE ABGARO AL SEÑOR JESUCRISTO

1 Abgaro, pequeño príncipe de Edessa, a Jesucristo el Salvador que apareció en la región de Jerusalén, ¡Eter­namente toda alabanza!.
2 En tu magnífica carta de gracia, que Tú Señor, Señor Dios desde toda la Eternidad, me has enviado a mí gusano del polvo, en Tu infinita bondad, para mi gran consuelo y el de mi hijo, ya había reconocido con toda lucidez y claridad, antes de esta carta que te envío hoy, que el Amor Supremo tiene que habitar en Ti. Si no fuera así, sería imposible que Tú, el único Dios de todos cielos así como de esta tierra, me hayas concedido a mi, un gusano ante Ti, tal poderoso reconfortamiento al hablarme también de mi hijo que te ama sobre todas cosas. No puedo, Señor, darte a cambio otra cosa más, bajándome al polvo de mi inanidad ante Tu nombre santísimo, que ofrecerte mi agradecimiento en prenda de nuestro amor tan entrañable; acuérdate siempre de nosotros en Tu incomprensible clemencia.
3 El amor hacia Ti de mi hijo tan enfermo, ha suscitado en mí, desde hace unos días, un ansia de amor por Ti. Señor, perdóname que te lo participe en esta carta.
Bien se que Tú sabes nuestros pensamientos ya antes de que yo y mi hijo los hayamos pensado. Te escribo sin embargo, como se escribe aun hombre, y lo hago conforme al consejo de aquel joven pobre que me encomendaste y que ahora se encuentra bien atendido en mi casa. Él me dijo que quien quiera recibir algo de Ti, tiene que acercarse así a Ti.
4 Este joven afirma haberte visto. Tiene un talento descriptivo muy sencillo y Te detalla, me parece, con suma exactitud y acierto. Este joven, que a causa de su talento me es muy querido, para nuestra gran alegría nos describió recientemente Tu figura de una forma tan clara, que yo y mi hijo, que aún vive, pero que por cierto ya está muy débil, creímos verdaderamente verte. En mi ciudad vive un gran artista en el arte de pintar. Siguiendo a descripciones del joven, hizo inmediatamente un retrato de Tú cabeza con el pecho. Esta imagen nos sorprendió tanto más, para mi mayor alegría y la de mi hijo, cuando el joven pobre aseveró que Tú, oh Señor, justamente así parecías.
5 Por lo que aprovecho también esta ocasión, para enviarte Tu propio retrato a través del fiel portador de ésta mi carta, con el correspondiente agradecimiento a Ti, para que lo examines y me digas si este cuadro se parece verdaderamente a Ti.
6 ¡Oh Señor Jesucristo, Tú, buen Salvador de todos los, hombres, no te enojes con nosotros por eso!. Pues no una vana curiosidad, no, sino un puro y grandísimo amor hacia Ti nos impulsó a ello, haciéndonos pintar de este modo la más valiosa alhaja de nuestro corazón, para que pudiéramos hacernos alguna idea de Ti, que has llenado nuestro corazón con Tu Amor hasta la profundidad más honda, y has llegado a ser nuestra mayor riqueza, nuestro mayor consuelo y el más delicioso adorno nupcial de nuestro corazón, en la vida y en la muerte.
7 ¡Oh Señor!, ¡no dejes jamás de acordarte de nosotros en Tu corazón!. ¡Que se haga Tu Santa Voluntad!


RESPUESTA DEL SEÑOR JESUCRISTO

Enviada por el mismo mensajero del rey días después. 1 »¡Mi bendición, Mi Amor y Mi Gracia, a ti, mi muy querido hijo Abgaro!.
2 Yo digo frecuentemente aquí en Judea, a aquellos que he curado de toda clase de males corporales: "Mira, esto lo ha hecho tu fe". Mas a ninguno he preguntado todavía: ¿Me amas? Y ninguno me ha dicho desde el fondo de su corazón: Señor, te amo.
3 Pero tú ya creías mucho antes, que Yo soy el Único, sin haberme visto. Y ahora ya me amas como uno que ha renacido por el fuego del Espíritu desde hace mucho.
4 ¡Oh Abgaro, Abgaro! Si supieras y pudieras com­prender cuanto te quiero por eso y que gran alegría das a mi eterno Corazón de Padre, una felicidad demasiado grande te ahogaría de tal modo que no podrías vivir nunca más.
5 Sé firme ante todo lo que durante un tiempo oirás sobre Mí de los malos judíos, que pronto me entregarán en las manos del verdugo. Mas si no te escandalizares cuando lo oigas decir, serás espiritualmente el primero después de tu hijo, que participará vivamente en Mi Resurrección de la muerte.
6 En verdad, en verdad te digo: los que creen que Mi Doctrina ha salido de Dios, esos resucitarán en el último día, cuando cada uno reciba su justo juicio. Pero los que me aman como tú, esos jamás gustarán de la muerte. Sino que como el más rápido pensamiento, así tan deprisa, así serán transfigurados de esta vida del cuerpo a la más luminosa vida eterna, y habitarán conmigo, su Padre desde la eternidad. Tales cosas sin embargo, guárdalas cuidadosamente en secreto hasta que Yo haya resucitado.
7 Poco después, como ya te había prometido en mi primera carta, llegará a tu casa un discípulo y te hará sanar a ti y a toda tu casa, corporal y espiritualmente, excepto a tu hijo, el cual entrará sin dolor delante de Mí en Mi Reino.
8 En cuanto al parecido entre Mi aspecto físico y el retrato que me has enviado por tu mensajero, te lo dirá fielmente él, tu mensajero, quien ya me ha visto ahora tercera vez. Quien desea una imagen de Mí con esa intención tuya, no peca. Porque el Amor soporta todo. Pero desgraciado de aquél que quiera hacer de Mi imagen un ídolo. Guarda igualmente este cuadro en secreto.
9 Escrito en Judea por Mi discípulo, uno que está próximo a mi corazón, y de nuevo enviado por el mismo mensajero.
10 Que Mi salvación sea en tu casa.«


CUARTA CARTA DE ABGARO AL SEÑOR JESUCRISTO

Escrita a las siete semanas después de la tercera.
2 Abgaro, un pequeño príncipe de Edessa, a Jesucristo, el buen Salvador de toda salvación, que ha aparecido en los alrededores de Jerusalén, y que es ahora perseguido de una punta a otra del país por los necios y ciegos judíos que no reconocen la Luz Santa Original, el Sol de los soles en medio de ellos.
3 ¡Oh mi buen Salvador Jesucristo!, en verdad le ha sucedido a mi querido hijo lo que Tú, oh Señor, me habías predicho en la segunda carta. Murió hace unos días, y en su lecho de muerte me suplicó aún encarecidamente, con lágrimas en los ojos, que te expresara en este escrito su más profundo agradecimiento por el hecho de haberle dejado partir clementemente, sin dolor alguno y sin temer la muerte del cuerpo.
4 Miles de veces apretó Tu imagen contra su pecho. Sus últimas palabras fueron: ¡Oh Tú, mi buen Padre Jesucristo!, ¡Oh Jesucristo, Amor eterno!. Tú solo eres la verdadera Vida desde toda la eternidad, Tú que ahora caminas como hijo del hombre en medio de aquellos que Tu Omnipotencia llamó a la existencia, dándoles forma y vida! ¡Sí, Tú solo eres mi amor eterno!. ¡Yo vivo, vivo, vivo por Ti, en Ti eternamente!.
5 Después de haber pronunciado estas palabras, mi querido hijo expiró. Tú, oh Señor, debes bien saber que así fue el fin terrestre de mi hijo y que yo y mi casa lo hemos llorado mucho. Sin embargo te lo escribo como un hombre a otro hombre, porque mi hijo agonizante lo había deseado ansiosamente antes de su fin terrenal.
6 ¡Oh Señor!, perdóname, pobre pecador ante Ti, si te importuno por medio de una cuarta carta causándote quizás algún incomodo en Tu santísimo e importantísimo negocio.
7 Finalmente tengo aún la osadía de adjuntar a esta carta el ruego de que no me prives de Tu consuelo. Pues después de la partida de mi hijo, una gran tristeza se ha apoderado de mí, la cual no puedo superar ni con la mejor y más firme voluntad. Por lo tanto te ruego, buen Salvador, Tú el mejor Padre desde la eternidad, que quieras librarme de este gran dolor. Pero que se haga, no mi voluntad, sino la Tuya santísima.


RESPUESTA AUTÓGRAFA DEL SEÑOR JESUCRISTO

A la cuarta carta de Abgaro, escrita en lengua griega, mientras que las precedentes estaban escritas en lengua judía.
1 »Mi querido hijo y hermano Abgaro. En lo que respecta a tu hijo lo sé todo. Me es sumamente grato que haya tenido un fin terrenal tan hermoso y, aún más, un comienzo mucho mejor en Mi Reino.
2 Haces bien en llorar un poco por él. Porque buenos hay pocos en este mundo. Mas los que son como tu hijo bien merecen que se les llore.
3 Yo mismo vierto una preciosa lágrima por él. Así fue creando el mundo, en un principio, de una lágrima de mis ojos. Y así mismo será también hecho el nuevo cielo.
4 Yo te digo que las lágrimas vertidas por al algo bueno, son de un grandísimo valor en el cielo. Porque con estas joyas preciosas se adornará eternamente el cielo. Mas las malas lágrimas del odio, de la envidia y de la cólera fortificarán el infierno en su solidez.
5 Que tu mayor consuelo sea afligirte por el bueno. Conserva ese dolor un corto tiempo aún, hasta que en breve llores Mi muerte. Entonces irá mi apóstol a librarte de todo.
6 ¡Continúa siendo muy misericordioso y encontrarás también gran misericordia!. No olvides a los pobres, porque todos, sin excepción, son mis hermanos. Lo que les haces a ellos, lo haces conmigo y Yo te lo devolveré centuplicado.
7 ¡Busca lo grande, es decir Mi Reino, así lo pequeño de este mundo te será igualmente concedido. Pero si buscas lo pequeño, entonces no podrás ser tenido por digno de lo grande!.
8 Tienes en la prisión de tu reino un criminal que, en virtud de tus sabias leyes, ha merecido la muerte. Pero Yo te digo: el Amor y la Misericordia están en un grado más alto que la sabiduría y la justicia. Trátalo, por ello, el amor y la compasión, así tu serás uno conmigo y con Aquél que está en Mí y del cual he venido para ser un hombre al igual que tú. Amén.
Escrita de mi propio puño en Cafarnaúm y enviada con u mensajero.«


QUINTA CARTA DE ABGARO AL SEÑOR JESUCRISTO

Escrita a las tres semanas de la respuesta del Señor a la cuarta carta.
1 Abgaro, un pequeño príncipe de Edessa, a Jesucristo el buen Salvador que apareció en la tierra de los judíos en los alrededores de Jerusalén, como la Luz original y la eterna fuerza de la creación que renueva todo: el cielo, los mundos y los seres, y pese a ello, no es reconocido por los primeros llamados, pero si por aquellos que languidecían ya después de milenios en las tinieblas. ¡A Él toda salud, de parte nuestra, los hijos de la noche!.
2 ¡Oh Señor!, ¿qué mortal podrá comprender la inmensidad de Tu Amor por nosotros los hombres, que no somos más que tus criaturas?. Ese Amor por medio del cual Tú quieres renovar todo, andando Tú mismo un camino que, según mi entendimiento humano, parece casi imposible e inimaginable para Dios.
3 Estás presente aquí en esta tierra que Tú podrías disipar con un soplo, como un hombre sencillo entre los hombres, gobernando y manteniendo sin embargo, con tu Divinidad interior, todo el universo. Y todo el polvo de la tierra, cada gota en el mar, el sol, la luna y las estrellas, obedecen la voz omnipotente de tu corazón que es el centro eterno de todas las cosas y todos los seres del universo entero.
4 ¡Oh Señor!, qué infinitamente dichosos tienen que ser tus discípulos, que te conocen en el día más claro de sus espíritus, como ahora yo, pobre pecador, te conozco en mi noche.
5 ¡Oh, si yo no estuviera paralítico en mis pies!. Cuánto tiempo hace ya que estaría junto a Ti. Mis desgraciados pies han llegado a ser un obstáculo a mi mayor bienaventuranza. Pero ahora todo lo soporto de buena gana, porque Tú, oh Señor, me has encontrado digno hasta el punto de hablarme por carta, a mí, pobre necio, enseñándome tantas cosas maravillosas que sólo pueden ser enseñadas por Ti, jamás por un hombre.
6 ¿Qué sabia yo antes de una Vida después de la muerte? Ningún sabio de este mundo hubiera podido revelarme ese enigma. Existe en nuestro politeísmo una inmortalidad poética, pero se parece tan poco a la realidad como un sueño vano en el que tan pronto se va a pie ,sobre el mar como por la tierra en barco.
7 Mas Tu, oh Señor, me has mostrado con la palabra y en el hecho que después de la muerte de este nuestro cuerpo tan quebradizo, da comienzo una perfecta, verdadera y totalmente libre Vida del Espíritu, que nunca variará, por toda la eternidad.
8 Por todo lo cual considero un deber inexcusable presentarte en esta carta mi efusivo agradecimiento, oh Señor, por la infinita y gran gracia que me has hecho; aunque estas gracias frente a tu gracia, en la pura nada se desvanecen.
9 Pues ¿qué podría yo darte, oh Señor, que no me hayas Tú dado de antemano?.
10 Pienso que la gratitud verdadera, brotada del corazón, es lo más apropiado para el hombre, porque la ingratitud es, sin duda, su entera propiedad. Por eso no puedo, oh Señor, más que ofrecerte esta mi gratitud ínfima, sin embargo con la seguridad completa que desde ahora mismo estoy dispuesto a establecer en mi pequeño estado todo lo que Tu, oh Señor, te dignes pedirme.
11 No solo he sacado de prisión al gran criminal de Estado, sino que, acto seguido, he hecho que lo llevarán a mi escuela y a mi mesa. Si en eso actué bien o, como suele decirse, hice ya demasiado, mi humana razón no alcanza a juzgarlo. En este asunto también me dirijo a Ti, oh Señor, en este escrito, para que te dignes darme instrucciones sabias y justas.
12 ¡Mi amor, mis gracias y mi más filial obediencia a Ti, oh Señor Jesucristo, solo a Ti!. ¡Que se haga tu Voluntad!

REPUESTA DEL SEÑOR JESUCRISTO

1 »Escúchame. mi querido hijo y hermano Abgaro. Tengo ahora setenta y dos discípulos, entre ellos doce apóstoles, pero todos juntos no tienen una clarividencia como la tuya, siendo un pagano que jamás me ha visto, como tampoco los innumerables milagros hechos desde mi encarnación y nacimiento.
2 Está pues, lleno de esperanza. Porque ha sucedido y sucederá, que quitaré la luz a los hijos y os la daré en abundancia a vosotros los paganos. Porque he encontrado en poco tiempo, entre los paganos que viven aquí, griegos y romanos, más fe que la que se pueda encontrar en todo Israel. El amor y la humildad han llegado a ser cualidades del corazón humano completamente extrañas a los judíos, mientras que, con frecuencia, las encuentro en vosotros abundantemente.
3 Por eso le quitaré a los judíos Mi Reino temporal y eterno y os lo daré vosotros. Los hijos que se alimenten con las inmundicias del mundo.
4 Quieres que mi voluntad sea Ley en Tu reino. Por ahora no es posible, porque para todo se requiere cierta madurez. Ahora bien, Mi ley no es más que Amor. Si quieres introducir en tu reino algo de Mí, entonces introduce esta ley; te será fácil obrar con Mi Voluntad. Porque Mi Voluntad y Mi Ley son enteramente una misma cosa, del mismo modo que Yo y el Padre somos Uno.
5 Sí, es verdad que en Mi Voluntad hay muchas cosas que tú no podrías comprender todavía. Cuando mi discípulo vaya a tu casa, te iniciará en todo y así que seas bautizado por él en Mi Nombre, el Espíritu de Dios vendrá sobre ti y él mismo te instruirá en todas las cosas.
6 Con el criminal has obrado perfectamente bien. Yo hago lo mismo con vosotros los paganos. Que tu acción te sirva como un buen espejo de lo que yo ya hago ahora y haré en abundancia más adelante.
7 Esto, para tu paz y tu bendición. Amén.«


SEXTA CARTA DE ABGARO AL SEÑOR JESUCRISTO

Escrita diez semanas después.
1 Abgaro, pequeño príncipe de Edessa, a Jesucristo el buen Salvador, ¡toda salud a aquél que ha aparecido en la región de Jerusalén como salvación para todos los pue­blos con buen corazón y la buena voluntad de poner en práctica Su Palabra!.
2 ¡Oh Señor, perdóname mi gran atrevimiento y ya descarada impertinencia!. Pero Tú sabes que los buenos médicos siempre tuvieron la mayor consideración entre los hombres porque siempre poseían los conocimientos más ciertos, también en las cosas de la naturaleza, y por eso todo el mundo se dirigía preferentemente a ellos para obtener aclaraciones en caso de grandes y extraordinarios fenómenos naturales. ¡Cuán infinitamente más alto que todos los médicos expertos del mundo en todas las ciencias naturales estás Tú, que no solamente eres un médico en todas las cosas, sino también al mismo tiempo, el Creador y el Señor eterno de toda la naturaleza!
3 Es a Ti solo, y sólo a Ti, a quien puedo exponer la presente desgracia particular y extraña de mi nación, y suplicarte desde lo más hondo de mi corazón que apartes esa singular desgracia.
4 Como Tú sabes perfectamente hace tiempo, un pequeño terremoto se sintió aquí diez días, el cual,
eternamente seas agradecido, pasó sin dejar huellas; sin embargo, unos días después de ese terremoto empezaron a ponerse turbias todas las aguas. Todo aquel que bebió ese agua empezó a tener dolor de cabeza y se volvió loco.
5 Promulgué enseguida una orden severa: que nadie utilizara el agua en todo el país, hasta que yo lo autorizase nuevo. Todos mis ciudadanos, durante ese tiempo, debían venir a mi casa en Edessa, donde recibirían vino y agua que, para tal fin, hice traer expresamente desde bastante lejos en grandes embarcaciones.
6 Creo no haber cometido ninguna mala obra, pues me impulsó sólo el puro amor y la verdadera piedad por mi pueblo. Por esto te pido a Ti, oh Señor, con toda humildad y contrición de mi corazón, que accedas a ayudarme a mí y a mi pueblo en este apuro.
7 Porque el agua no se aclara y sus efectos dañinos siguen siendo los mismos. Oh Señor, se que todos los poderes, buenos y malos, están a Ti sometidos y tienen que ceder a Tu menor señal. Por lo que te suplico que, misericordiosamente tengas piedad de mí, librándome de esta plaga, por mi pobre nación, ¡Hágase Tu divina y santa voluntad!
8 Cuando el Señor hubo leído esta carta se indignó profundamente en su interior y exclamó en voz alta como un trueno: ¡ Oh Satán, Satán!. ¿Cuánto tiempo aún quieres tentar a Dios, Tu Señor? ¿Qué te hizo, malvada serpiente, este pobre, buen pueblecito para que le envíes plagas de esta manera tan monstruosa?
9 Para que sepas que Yo Soy Tu Señor, que cese al instante tu maldad sobre este pueblo, amén.
10 No te limitaste antaño a tentar solamente la carne de los hombres, lo que Yo te permití como con Job. ¿Qué haces ahora con Mi tierra? Si tienes valor atácame a Mí. Pero deja en paz mi tierra y a los hombres que me llevan en su corazón, hasta cuando Yo te lo permita para tu última prueba de libertad.
Al terminar esta exclamación, por medio de un discípulo fue escrita la siguiente

RESPUESTA DEL SEÑOR JESUCRISTO

1 »Mi querido hijo y hermano Abgaro. Esta mala pasada no te la ha jugado tu enemigo, sino sólo el mío. Tú, sin embargo, no conoces a este enemigo, pero Yo lo conozco desde hace ya muchísimo tiempo.
2 Éste, mi enemigo, es el antiguo príncipe invisible de este mundo. Hasta ahora, tuvo un gran poder, no sólo sobre esta tierra, que es su morada, sino también en las estrellas. Pero su poder no durará sino muy poco y pronto el príncipe de este mundo será vencido.
3 Ya no le temas nunca jamás. Porque por ti y por tu nación lo he derrotado ahora. Por lo tanto, vuelve a usar tranquilamente el agua de tu país. Porque en este mismo instante se ha vuelto limpia y sana.
4 ¿,Ves? Como me amas te ha sucedido algo malo. Pero como tu amor por Mí se ha hecho más poderoso en la aflicción, con ello tu amor venció todo el poder del infierno y ahora estás para siempre libre de semejantes tentaciones infernales.
5 Sucederá que la fe estará expuesta a grandes tentaciones y tendrá que caminar por fuego y agua. Pero fuego del amor sofocará el fuego que prueba la fe evaporará con toda su fuerza el agua.
6 Lo que le ha pasado a tu país, en el orden natural, sucederá más tarde espiritualmente a muchos a causa de mi Enseñanza. Se volverán también completamente insensatos quienes beban en los charcos de los falsos profetas.
7 Mi Amor, Mi bendición y Mi Gracia para Ti, Mi hermano Abgaro. Amén.«


SEPTIMA CARTA DE ABGARO AL SEÑOR JESUCRISTO

A las nueve semanas después de recibir la sexta respuesta escrita del Señor y cinco días antes de la entrada Triunfal en Jerusalén.
1 Abgaro, un pequeño príncipe de Edessa, a Jesucristo , el buen Salvador, ¡Toda salvación a aquél que apareció en los alrededores de Jerusalén, una salvación para todos los pueblos, un Señor y un Rey ungido desde la Eternidad, Dios de las criaturas todas, de todos los hombres y de todas las divinidades, buenas y malas!.
2 ¡Oh mi Dios y mi Señor, Tú, el único que colma mi corazón. Tú, absoluta esencia total de todos mis pensamientos!. Bien se ya por Tu primera carta tan que debe cumplirse enteramente en Ti, según Tu propia e incomprensible Voluntad y decreto divino, lo que han propuesto contra Ti los malos judíos de Jerusalén. Puedo imaginarme oscuramente, que es necesario que así Pero, hablando humanamente, mi corazón que te quiere sobre todas las cosas, se subleva en contra, eso 11 comprenderás Tú, oh Señor, aún mejor que yo, débil tuya.
3 A lo largo de este escrito mostraré que tengo buenos argumentos para exponer lo siguiente.
4 Como vasallo romano y pariente cercano de Tiberio, que es emperador de Roma, tengo también en Jerusalén mis fieles observadores romanos que vigilan especialmente al sacerdocio sumamente soberbio de allí. Estos observadores míos me han informado exactamente de lo que estos orgullosos y petulantes sacerdotes y fariseos intentan hacer contigo.
5 No solamente lapidarte o quemarte según sus costumbres; no, eso es demasiado poco para ellos; quieren hacer de Ti un ejemplo de las más inhumana atrocidad. Escucha, oh Señor. Estas bestias feroces en figura humana quieren clavarte en la cruz con clavos afilados y dejarte suspendido allí el tiempo necesario para que mueras lentamente de espantosos sufrimientos en la picota. Esta obra maestra de maldad humana la quieren llevar a cabo esta próxima Pascua.
6 Señor, será como fuera, pero me ha indignado en lo más profundo de mí. Se que estas bestias voluptuosas y tiranas no quieren matarte porque Tú te hayas declarado ante el pueblo como su Mesías prometido, esto poco le importa a esta ralea sacerdotal de hienas. Pues se muy bien que no creen en ningún Dios y mucho menos aún en Ti, y entre ellos poco caso hacen de una blasfemia.
7 Su plan es completamente diferente. Estas bestias saben que Roma los observa atentamente con ojos suspicaces a causa de sus maquinaciones ocultas. El año pasado, el perspicaz Pilatos descubrió un día un intento de motín del alto clero, aunque fue sutilmente preparado. Y en la fiesta, como Tú sabes, hizo detener ante el atrio exterior alrededor de quinientos hombres, pobres y también ricos, desgraciadamente la mayoría de ellos galileos, los hizo decapitar en el acto, con lo que se atrajo por cierto la hostilidad de Herodes, ya que la mayoría de las víctimas eran súbditos suyos.
8 Este ejemplo causó fuerte impresión a los del templo. Para sacarse esa molesta espina, te han escogido a Ti; quieren acusarte ante Pilatos como agitador político, calificándote también como el principal cabecilla de la sublevación del año pasado. Con ello tratan de salir bien del asunto ante la corte romana y de esta manera apartar de sí la molesta mirada recelosa de Roma, y continuar fraguando así más fácilmente su proyecto de alta traición. Tú mismo ya ves, sin necesidad de esta carta, e infinitamente mejor, que Roma sabe exactamente sus intenciones.
9 Si Tú, oh Señor, quieres un servicio de mí, tu más entrañable amigo y adorador, en el acto envío a Roma y Poncio mensajeros urgentes, y te garantizo que estas bestias caerán en seguida en la misma fosa que habían para Ti.
10 Sin embargo, como ahora ya te conozco bien y bien se que Tú no necesitas ningún consejo humano, harás lo, que te parezca mejor. Pero corno hombre he considerado que mi primer deber es manifestarte este asunto y cómo es exactamente, expresándote aquí mi más ardiente agradecimiento por la gracia que Tú nos has mostrado a mí y a mi pueblo.
11 Oh Señor, hazme saber lo que debo hacer en este por Ti. ¡Hágase eternamente Tu Voluntad Santísima!.


ULTIMA RESPUESTA DEL SEÑOR JESUCRISTO

1 »Escucha, mi querido hijo y hermano Abgaro, todo es cierto, exactamente como me los has anunciado. Pero tiene que suceder todo así en Mí porque si no ningún hombre podría alcanzar jamás la Vida Eterna, lo cual tú ahora, en verdad no comprendes, pero dentro de poco comprenderás como un gran misterio.
2 Por lo tanto no realices, por lo pronto, las que gestiones amistosamente me ofreces para Mi justificación. Porque poco fructuosas serían dónde gobierna y actúa el poder infinito del Padre, que está en Mi y del que he salido como hombre.
3 ¡Mi cruz, en la que seré clavado, no te espante!. Porque precisamente esa cruz llegará a ser para todos los tiempos venideros, la piedra angular del Reino de Dios, al mismo tiempo puerta para entrar en él.
4 Solamente durante tres días estaré muerto en lo que concierne al cuerpo, mas al tercer día resucitaré otra vez como un eterno vencedor de la muerte y del infierno y Mi juicio omnipotente caerá sobre todos los culpables del mal
5 Mas para aquellos que están unidos en el corazón Conmigo, abriré la puerta del Cielo de par en par ante sus ojos.
6 Si dentro de pocos días vieras que se obscurece completamente el sol, entonces piensan que Yo, Tu mejor amigo y hermano, he muerto en la cruz. ¡No te asustes!. Porque todo eso tiene que cumplirse así; a los Míos, sin embargo, no se les torcerá ni un pelo.
7 Cuando Yo resucite, al instante mismo recibirás una señal como símbolo cierto, por lo cual reconocerás inmediatamente Mi Resurrección.
8 A ti, Mi querido hermano Abgaro, Mi Amor, Mi Gracia y Mi bendición. Amén.«

Recibida por Jakob Lorber en 1844