martes, 11 de julio de 2017

El abrazo

Cuando Kado se enteró de la venida de Jesús, no esperó ni un instante más, le dio una moneda al mensajero que le trajo la noticia y fue corriendo tan rápido como pudo hacia el Señor.

Cuando llegó casi sin aliento donde el Señor, Jesús se levanta del césped y le ofrece la mano. Pero Kado lo abraza y Le presiona a su pecho y lo llena de muchos besos cordiales y le dice finalmente con un corazón sumergido en completa alegría y bienaventuranza: 

“¡Oh, Señor y Maestro, qué alegría más indescriptible me has preparado con tu retorno tan pronto! ¡Oh, somos los más felices porque te tenemos en medio de nosotros que somos pecadores y eternamente indignos! Apenas han pasado tres días, desde que estuviste ausente, pero me parecieron como si fueran tres años, porque nuestra paciencia ha sido sometida a una fuerte prueba debido al enorme anhelo que tiene toda nuestra casa por Ti. Si no hubieras venido hoy, ya me hubiera puesto en camino mañana, lo más temprano posible, y, con nuestros mejores camellos, te hubiera seguido hasta la ciudad de Essea. ¡Oh, pero ahora que has venido, todo está de nuevo perfectamente bien y en el mejor orden! ¡Y ahora, oh Señor y Maestro, Tú que eres nuestro único Amor y nuestra máxima necesidad, ven, ven ahora conmigo para que toda nuestra casa sea superbienaventurada!”

El Señor le contesta: “Tu amabilidad ha refrescado agradablemente Mi Corazón, y Yo iré contigo.” 

gej.09.006.01-03


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