La alegría

Dice el Señor:

«Un corazón alegre y jovial Me es mucho más agradable que uno triste, afligido, quejoso, refunfuñón, descontento de todo, por tanto ingrato y ciertamente falto de amor; porque en un corazón alegre habitan el amor, la buena esperanza y la confianza indudable.

»Si una persona que está triste por una razón de peso se acerca a una persona alegre, pronto estará de buen humor, su alma comenzará a moverse más libremente, y la luz del espíritu puede brillar más fácilmente a través del alma tranquila, mientras que un alma triste se encoge notablemente y al final se vuelve bastante sombría y hosca.

»Pienso que  por alegría y regocijo de corazón no entenderéis las bromas bulliciosas, deshonestas e inmorales —¡pues que tales cosas permanezcan lejos de vosotros!— sino esa alegría que llena el corazón [...] honrado y sano, o que sienten las personas piadosas después de acciones buenas y agradables a Dios».

gej04.167.15-16

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