Los sabios Sócrates, Aristóteles y Platón son de los mejores en el mundo. Sin embargo, todas sus sabidurías juntas no han logrado sacar a la luz ni la millonésima parte de lo que saca un niño muy simple, que apenas puede leer, cuando llama, por primera vez al Señor y lleno de fe: ¡Padre amoroso y bueno que estás en el Cielo! (Sol Espiritual 2.51.14)