No habrá tercera guerra mundial.


El Señor Jesucristo predijo hace unos 2000 años que las guerras a nivel mundial se volverán imposibles.

Pero antes de la venida del Señor, la humanidad tendrá que ser purificada a través del fuego. En el capítulo 185, del tomo 8 del gran Evangelio de Juan, el Señor revela los dos primeros tipos de fuego.

Dice el Señor:


«El fuego consistirá en primer lugar en una situación de vida llena de emergencia generalizada, miseria y tribulaciones. La fe se apagará y el amor se enfriará. Todas las pobres generaciones se quejarán y agonizarán, y sin embargo los grandes y poderosos y los reyes del mundo no ayudarán debido a demasiada soberbia y la dureza de sus corazones.

También un pueblo se levantará contra el otro y hará guerra con armas de fuego. Con esto, los gobernantes caerán en grandes deudas y cargarán a sus súbditos con impuestos impagables. Aparecerá una superinflación, hambruna, muchas enfermedades perniciosas, pestes y pestilencias entre los hombres, los animales e incluso las plantas.

A esto se sumarán grandes huracanes sobre el suelo terrestre y sobre el mar, y terremotos. El mar inundará la costa en muchos lugares, los hombres entrarán en gran temor y miedo antes los eventos amenazantes.

Todo esto estará permitido con el fin de alejar a los hombres de su estado de soberbia y egoísmo y de su gran pereza. Los grandes y los que se autodenominan poderosos serán castigados con aburrimiento que,  para paliar esta tortura, se verán obligados a entrar en acción.

En esto consiste el primer tipo de fuego que purificará a la humanidad antes de la segunda venida del Señor.

Al mismo tiempo el fuego natural también ofrecerá su servicio. El fuego hará posible que los  barcos naveguen todos los mares con mayor rapidez que el viento. La inteligencia de los hombres también permitirá que construyan coches metálicos que, en vez de animales, usen el fuego como fuerza de tracción. Estos coches viajarán más rápido que una flecha.

También sabrán domar al rayo y convertirlo en el transmisor veloz de sus deseos y voluntades de un punto de la Tierra al otro. Y cuando los gobernantes orgullosos hagan guerra unos contra otros, el fuego también prestará su servicio posibilitando el lanzamiento de enormes y pesadas  masas metálicas en forma de esfera que impactan en las ciudades y fortalezas ocasionando grandes destrucciones.

Y los hombres, con su capacidad de inventar armas, llegarán tan lejos que pronto ningún pueblo podrá más iniciar una guerra contra otro pueblo. Porque si dos pueblos con tales armas se atacaran mutuamente, también se eliminarán fácil y rápidamente hasta el último hombre, lo que ciertamente no traerá verdadera victoria o beneficio a ninguna de las partes.

Los gobernantes o reyes, junto a sus generales, pronto se darán cuenta de esto y, por lo tanto, preferirán tolerarse bien en paz y buena amistad; y si algún alborotador muy orgulloso y ambicioso se levantara y enfrentara en contra de su vecino, los amantes de la paz se unirán y lo castigarán.

Y de esta manera, la antigua paz entre los pueblos de la tierra se restaurará gradualmente y se fortalecerá permanentemente.

De tal manera que, aproximadamente en 2000 años, ya no habrá más guerra sobre la Tierra y poco tiempo después sucederá Mi venida personal sobre esta Tierra y empezará la mayor aclaración entre los hombres.

Solo entre los pueblos más salvajes de la Tierra seguirá habiendo guerras, pero con el tiempo esto también será algo imposible. Yo los reuniré en pareja a través de Mis gobernantes, reyes y generales justos y poderosos y derramaré entre ellos Mi Luz, y, así, ellos también serán convertidos en pueblos más amantes de la paz y amigables con la luz.

Mirad, ¡este es el segundo tipo de fuego con el cual los seres humanos serán purificados!»

En el siguiente capítulo el Señor explica el tercer y cuarto tipo de fuego purificador que ayudará a la humanidad.



Fuente: El Gran Evangelio de Juan,
tomo 8, capítulo 185,
recibido por Jakob Lorber

[GEJ 8.185]

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