jueves, 18 de mayo de 2017

El Amado Padre Nuestro

Preguntó un capitán romano a Jesús:

Señor y Maestro, cómo debemos pedir de tal manera que te sea agradable y así evitar pedirte en vano por algo que es bueno y necesario? Porque puede pasar que un hombre en este mundo se encuentre en diversas y fuertes emergencias y pueda dirigirse únicamente a Ti con una buena petición de ayuda. Pero, ¿cómo debe pedir y orar?”

Jesús: “¡En cada emergencia y tribulación pedid a Mí con un lenguaje natural en el corazón, y así no pediréis en vano!

Pero si Me pedís algo, no digáis muchas palabras y para nada hagáis ceremonia alguna, sino pedid muy en silencio, dentro de la secreta recamarita de Amor de vuestros corazones, de esta manera:

¡Amado Padre nuestro, que moras en el Cielo, que Tu Nombre sea siempre y eternamente santificado! ¡Que venga a nosotros Tu Reino de Vida, de Luz y de la Verdad y que permanezca con nosotros! ¡Que se haga tu justísima y única santa Voluntad sobre la Tierra, entre nosotros, los hombres, así como en Tus Cielos entre Tus ángeles perfeccionados! ¡Pero sobre esta Tierra danos el pan de cada día! ¡Perdona nuestros pecados y debilidades, como también nosotros perdonaremos todo el tiempo a aquellos que han pecado contra nosotros! No permitas que vengan tentaciones sobre nosotros, tentaciones las cuales no podríamos resistir, y, de esa manera, líbranos de todo mal en el que un hombre pueda caer debido a una demasiada poderosa tentación de este mundo y de su malvado espíritu; porque Tuyo es, oh Padre en el Cielo, todo Poder, toda Fuerza, toda Fortaleza y toda Gloria, y todos los cielos están llenos de tales virtudes, de eternidad a eternidad! —

Mira tú, Mi amigo, ¡así debe pedir cada hombre, en su corazón, y su pedido será escuchado, si es que lo pide con completa firmeza y seriedad, — pero no solo con la boca, sino de verdad y vivamente en el corazón! Porque Dios es, en Sí, un Espíritu purísismo y tiene que ser adorado también en el espíritu y en su máxima Verdad y máxima firmeza y seriedad.

Si ahora entiendes y comprendes esto, entonces también actúa de esta manera y vivirás como también cualquiera que haga igual!”

De esta respuesta de Jesús, todos los presentes Le agradecieron, y Él los bendijo otra vez.

Gej10.32

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